sábado, 7 de abril de 2018

LA VIDA AQUIESCENTE





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                                                          Por vida aquiescente quiero significar algo más y algo menos que vida consciente. Es decir, no sólo el aspecto o la vertiente del ser reflexivo como lo concibió Descartes sino también y sobre todo el ser sensual, sentimental, gregario, interactivo, en cierto modo entregado a su inautenticidad cotidiana como lo concibió y explicó Heidegger y, en cierto modo, también el boyante, inmerso en una subjetividad lacaniana, atravesado por la nada, condenado a elegir lo que hace a cada momento y bajo la mirada del otro, expuesto en este sentido a esa nada de la que nos hablara Jean Paul Sartre y esclavo de poderes instituidos que lo mantienen pasivamente aherrojado a esas fuentes de disciplinamiento constante, léase reglas, códigos, las que describió Foucault, que lo mantienen descolocado, desasido, en tránsito de sí mismo entre otros seres que padecen simétricas o asimétricas contradicciones. Este ser que somos, en una u otra modalidad ensayada nebulosamente, necesita ejercer de un modo nuevo su conciencia. Inaugurarla y ejercerla en un estado de casi constante rebelión. Es decir en un modo de alzamiento o vigilia que, a cada paso, considere, íntimamente, las alternativas de valor y disvalor que se le presenten en su vida gregaria, de interacción constante con los demás, con ese prójimo próximo e inalcanzable.
                                                                Y para ello es menester que ese alambique circunstancial y existencial, ese laboratorio que produce específicos dominantes o inductores de nuestro psiquismo, de esa vida psíquica que es como una embarcación sobre la que navega nuestro ego en un mundo convulsionado, de suelo turbulento como un mar agitado, de un aire tormentoso y denso, cruzado y polucionado por las comunicaciones, requerimientos, provocaciones, propagandas, se fortalezca y adquiera una capacidad que le permita ajustar sus velocidades y resistencias y tener el puerto, la rada o la marina en la que pueda anclar neutralizando los peligros que lo acechan, en permanente disponibilidad y a una distancia alcanzable o razonable.
                                                        Ahora bien, ese moverse o anclar de nuestro ego-embarcación, encendidas las luces, el radar, el sonar, desde su puente que es el psiquismo, ese estado de vigilia apunta  a tener que, ineludiblemente, adentrarnos en nuestros valores y disvalores. El ser odio, o miedo, o ira, el encarnar cualitativamente cualquiera, alguna o algunas de nuestras pasiones destructivas o disvaliosas nos pone en una situación que, por lo menos, impide o dificulta la vida aquiescente. La de una relación íntima y cotidiana con nuestros valores, el amor, la solidaridad, la compasión, el desinterés y el placer que el ejercicio de esos valores nos proporciona, en el sentido de darnos y dimensionarnos para nosotros y los otros, confiriéndonos una proporción que vuelve a humanizarnos.
Podemos referirnos también al suscitarse y mantenerse un estado de rebelión interior. Ese al que alude Albert Camus en "El hombre rebelde", el que no acepta razones que justifiquen el asesinato, el que no acepta ser ni víctima ni verdugo, el que se resiste. El que adopta, como explicara tan brillantemente en una de sus conferencias Jorge Alemán, el vacío del acto instituyente que comienza una revolución y lo mantiene como un componente asiduo de su vigilia cotidiana. En la terminología de Alemán sería el sujeto que se construye a sí mismo partiendo de una subjetividad que a la vez que lo ha parido lo sostiene.
                                                    Entonces la vida aquiescente es a la vez consciente y sentida o experimentada, gozada y padecida, como una entrega en estado de vigilia, como la promoción activa de nuestros valores y el rechazo de los componentes disvaliosos con el que un mundo polucionado, que intenta determinarnos, como la tormenta en el mar al ego-embarcación, hacia el naufragio, nos mantiene a flote, en el rumbo y cercanos a la disponibilidad de un puerto de anclaje más o menos seguro, proporcionándonos entre los seres y las cosas.

                                                              Iluminados y con el reloj a mano y con la vida a mano, al alcance constante de una mirada de la que somos gestores, en la que estamos, nutrida por nuestra presencia consciente, en un estado de aquiescencia, de relación íntima con los demás seres y las cosas, alcanzándonos y alzándonos el tiempo y el espacio que nos contiene como una copa colmada por el vino elegido. Entrañándonos y otras veces extrañándonos, pero siempre transidos por y de un mundo que nos crea constantemente; como si surfearamos sobre la ola de una subjetividad, irguiéndonos sobre su declive en crecimiento, siendo los  sujetos indispensables para nosotros y los otros.

Amílcar Luis Blanco

sábado, 23 de diciembre de 2017

POPULISMO Y DEMOCRACIA VERSUS REPUBLICANISMO Y DEMOCRACIA ARBITRADOS POR EL DERECHO DE PROPIEDAD.-

Este artículo fue escrito en junio de 2015. Creo no haberme equivocado en la evaluación de lo que se venía.-







Este parece ser el match o la pelea de fondo, para expresarlo en términos de crónica deportiva, que se juega entre kirchnerismo y oposición.- Del lado del oficialismo están quienes han defendido y defienden la política entendida como participación popular legitimante, del otro, el de la oposición, el sector conservador, cuantitativamente minoritario, integrado por las corporaciones mediáticas hegemónicas que abrevan también en un empresariado monopólico que apuesta siempre a maximizar sus beneficios como meta exclusiva y excluyente de sus actuaciones .- Estos últimos por sus voceros como Elisa Carrió o Santiago Kovadlof, por ejemplo, hablan de República como opuesta a un supuesto autoritarismo populista, al que no le reconocen su calidad democrática.
Habría que remontarse a las Repúblicas griega y romana, a Platón, a Tito Livio, para recordar que aun en el caso de una república aristocrática – gobierno de las elites apoyadas en las supuestas virtudes correspondientes a la opulencia de una única clase con acceso a la educación – se apostaba al bien común y que, como apuntara el historiador romano, las principales leyes de aquél período histórico político que precedió al imperio en la ciudad de las siete colinas eran las que habían tenido un apoyo tumultuario, las que habían sido plebiscitadas en las asambleas de la plebe, forma de democracia semidirecta que ni siquiera requería que quienes representaban al populacho frente al Senado se independizaran de la voluntad y el propósito de sus mandantes.
Otro tanto puede decirse de los jacobinos que entre 1791 y 1794, dieron forma en Francia, a la primera república y que basaban su autoridad en la soberanía popular, y cuyas posiciones eran  radicales, anticlericales, antimonárquicas. Maximiliano Robespierre (1758-1794) afirmó que “la democracia es un Estado en el que el pueblo soberano, regido por leyes que son obra suya, hace él mismo todo lo que puede hacer, y permite hacer, por medio de delegados, todo lo que él mismo no puede hacer”. En esta definición el líder jacobino conjugó el principio de la soberanía popular con los de la representación política y el Estado de Derecho.

                                                            Como propone en su libro Eduardo Jozami, titulado “¿Custodios de la República o enemigos de la Democracia?, los grupos dominantes que integran ese poder real y actuante, que este Estado de Derecho Democrático y Republicano, con mayúsculas, sustancia en cambio con base en el apoyo popular masivo en las urnas, no sólo no avanzan en propuestas que superen el límite de la representación para gestionar sino que se quedan atrás, retroceden, hacia un concepto de república cuyo único respeto y  principio ordenador es el derecho de propiedad, participando así del concepto que la ministro de Ronald Reagan, Jeanne Kirkpatrick, reservó para la Argentina, quien al distinguir entre gobiernos totalitarios y autoritarios, consideró que la dictadura que gobernaba nuestro país por aquélla época era un gobierno sólo autoritario y tolerable porque respetaba el derecho de propiedad. Es decir, perdida para las minorías opulentas, privilegiadas y prebendarias, desde 1983 hasta ahora, la posibilidad de interrumpir el mandato de gobiernos elegidos por el voto popular mediante golpes militares, brazo seglar y armado de esta clase oligárquica, se apela al recurso de desprestigiar, mentir, sesgar la información, producir corridas cambiarias e inocular odio en la subjetividad de quienes son destinatarios de esta andanada comunicacional tóxica para obtener los mismos objetivos, derrocar al gobierno popular y participativo, cortar la inclusión social, la equidad en la distribución del ingreso y disminuir una demanda global que los obligaría a actuar en el campo económico no únicamente teniendo como meta el beneficio sectorial sino la igualdad y la ética que lleva al bien común y al estado de bienestar.-
El derecho de propiedad como ordenador de los demás derechos, como superior a todos los demás, incluidos la libertad y la igualdad, en esta lógica perversa, en este camino hacia la plutocracia más descarnada, reino de la exclusión, intemperie de anomías, éticas y jurídicas, en la que todo se despersonaliza para quien queda fuera y es condenado a la miseria, basado en una concepción de egoísmo e individualismo máximos, adquiere así una preponderancia que lleva a considerar las explicaciones que Jean Paul Sartre da en “El ser y la nada” acerca de la historia de occidente cuando señala la prevalencia de las cosas, de los objetos, sobre los seres humanos, concretamente con relación a la ruta del oro, su extracción de las minas americanas, su transporte a Europa y la entronización de su posesión y toda la significación que arroja sobre quienes, hombres y mujeres, esclavos y esclavistas, debían actuar alrededor de ese metal precioso. Ese estar al servicio de las cosas, del mundo material. Característica deplorable del espíritu humano que en lo cotidiano nos pasa tan inadvertida y a la que Julio Cortázar en “Historia de cronopios y de famas” pudo referirse destacando lo naturalizado de esa domesticidad y mansedumbre con la que aceptamos un regalo creyendo que es un regalo, cuando hace notar que, al contrario de lo usualmente interpretado, cuando nos regalan un reloj en realidad somos nosotros los regalados al reloj porque en adelante lo cuidaremos, temeremos perderlo, lo compararemos con otros relojes, etcétera.-

Es decir, este costumbrismo de aceptar la prevalencia de lo material y una como indiscutible propensión al acrecentamiento inmoderado de las posesiones materiales como legitimación de toda riqueza y de todo rico, nos pone cada vez más a mayor distancia de ponderar los valores humanos cifrados en la solidaridad, el respeto al otro y a sus derechos a acceder a oportunidades tendientes a lograr la inclusión y la movilidad social y una participación equitativa en el ingreso.- Libertad, igualdad y participación popular dan sentido y contenido a toda democracia e intentan como valores convertirnos en seres más humanos y sobre todo realizarnos como protagonistas de la historia y la cultura, aún desde el punto de vista de nuestra materialidad psicofísica para valernos de los bienes y no para inclinarnos ante sus majestades que nos empobrecen y despotencian cuando los convertimos en la meta más alta de nuestras vidas.

Amílcar Luis Blanco ("La libertad guiando al pueblo", oleo sobre tela de Eugene Delacroix)

jueves, 3 de marzo de 2016

¿NEOLIBERALISMO O NOLIBERALISMO?



La pregunta no está de más. De acuerdo al ideario de Adam Smith y David Ricardo, padres históricos de estas ideologías desprendidas de la revoluciones comercial e industrial que desde los albores del renacimiento, siglos XIII y XIV, más o menos, hasta comienzos del XX, explicaran el funcionamiento de la economía liberal, basada en la concurrencia a los mercados de bienes y servicios de oferentes (productores, fabricantes, comercializadores) en forma plural, masiva, libertaria e igualitaria y demandantes (consumidores) en iguales condiciones, mediante la ley de la oferta y la demanda, determinante de los precios de esos bienes y servicios, hasta lo que vino y sigue aconteciendo después y hasta la actualidad, en la que los monopolios de producción y comercialización se enseñorean, ahora globalmente y sin dejar rincones del planeta en el que no pululen, de esos mercados teniendo en sus ámbitos posiciones dominantes, aquéllos postulados que aludían a la competencia perfecta basada en una plural y cuantitativamente abundante presencia en esas transacciones de los oferentes y que legitimaban en esa libertad e igualdad la denominación o calificativo de liberal para la economía así entendida y practicada, no puede razonarse seria y honestamente que en la actualidad esta economía pueda seguir denominándose y sea considerada "neoliberal". Ello porque el sufijo "neo" significa nuevo y unido al adjetivo "liberal" vendría a querer decir "liberalismo nuevo", es decir un sistema de producción y consumo que conservando las características de pluralidad, masividad, libertad e igualdad, las plantease de un modo por lo menos diferente. Es obvio que esto no sucede. Que, en rigor de verdad, el mal llamado "neoliberalismo" designa un escenario de actores, móviles y resultados que actúan en mercados totalitarios con móviles y resultados acotados que no pueden cambiar quienes se desempeñan en su seno. Tanto productores como consumidores en los extremos de la ecuación que los mantiene vinculados por esos móviles, deseos y necesidades, se mueven sin igualdad, ni libertad y el resultado es una masividad de esclavos que permanecen aherrojados no sólo a la servidumbre ontológica que ya definiera Sartre respecto de los bienes y servicios que están compelidos a necesitar, desear o generar, sino también a una interpretación de esa realidad que vela u oculta constantemente el horizonte de sus posibilidades reales.
Las grandes corporaciones monopólicas todo lo pueden. Manejan los precios en carteles o trusts o como quiera llamárselos, incluso uniones de empresas, de modo discrecional y arbitrario con el único objetivo sempiterno de maximizar sus ganancias, quiero decir las del capital. La rentabilidad es el móvil y la meta de los señores que se sientan en las mesas de los directorios y son poseedores anónimos de las acciones de esas corporaciones. Ellos son anónimos para sus prójimos y sobre todo lo son, en grado mayor, para quienes sufren las consecuencias de ese extendido anonimato que, sin embargo, domina las vidas de los millones de clientes y consumidores de lo que producen o comercializan. No son iguales a quienes están bajo su dominio, tanto como los amos  no fueron jamás iguales a sus esclavos. Las antinomias ya definidas por Hegel y  Marx se actualizan en este presente en el que las corporaciones mediaticas monopólicas se hacen dueñas de todo y hegemonizan y homogeneizan las vidas de las enormes mayorías populares. Lo hacen desde todos los puntos avisorables de la realidad, incluso y sobre todo desde los medios de información que, lejos de informar a esas mayorías, las infectan y envenenan con propagandas subliminales que jamás cesan, como un viento que soplara continuamente.
Se vive entonces en esta asfixia mediática y subliminal. Incluso puede afirmarse que estas grandes corporaciones ni siquiera producen, fabrican, transportan o participan diréctamente del quehacer mundano que se traduce en la creación de bienes y servicios sino que únicamente inducen estos trabajos y realizaciones por medio del dinero, el gran mediador, por medio de los billetes, esos papeles que simbolizan y representan la riqueza. Y aún hay un monopolio omnicomprensivo de todos los demás: la moneda única, la que el planeta acepta para todas sus transacciones de país a país, de continente a continente, es decir, el dólar. Perversidad ésta, la de la moneda única, sobre la que ya, admonitoriamente, Keynes advirtiera que necesariamente llevaría a la depresión porque también destruye la libre concurrencia en el mercado del dinero.
Conclusión: llamemos a las cosas por su nombre. Digamos que la economía de hoy es monopólica o no liberal y no neoliberal ¿Se diferencia de la economía dirigida o completamente estatizada propia del comunismo? Creo que sólo en cuanto a quiénes son los dueños de la riqueza. Entre quienes integran el "politburo" soviético y quienes integran el directorio de una corporación monopólica la única diferencia sería que estos últimos sólo excepcionalmente hablan ruso.

Amilcar Luis Blanco (Imágenes de Adam Smith y David Ricardo)

viernes, 18 de diciembre de 2015

LA ABEJA REINA Y EL ZÁNGANO







Lo característico y principal de las abejas es su capacidad de socialización y de vivir en colonias complejas y rigurosamente organizadas, donde siempre hay una sola abeja reina, abejas obreras y zánganos. Esto lleva a la convicción de que las abejas ejercen o profesan por lo menos un adarme de psiquismo, o quizás mucho más, que las mantiene cohesionadas, organizadas y atentas a los peligros. Es decir que, como especie, no sólo se alimentan biológica u orgánicamente acercándose a las fuentes de agua, llamensé corrientes, como ríos y arroyos, o estanques, como piscinas, albercas o cisternas y, por supuesto, a los jardines con flores para libar el polen y fabricar la miel y la jalea real con la que alimentan a sus reinas, sino que además y también poseen un psiquismo que les permite defenderse como especie.


Las obreras son las mas numerosas en toda la colonia, son siempre abejas hembra y son las encargadas de trabajar constantemente durante toda su vida, vida que en regla general, no supera los cincuenta días. Un símil con la comunidad humana de la que formamos parte ya que los trabajadores, empleados, operarios, obreros, profesionales, comerciantes, pequeños empresarios, sin distinción de sexos, trabajamos la mayor parte de nuestra vida y en general el desgaste que esto supone, físico y mental, no favorece precisamente nuestra longevidad.


Los zánganos, son exclusivamente abejas macho, solo existen un centenar por colmena, y su presencia esta destinada a fecundar a la abeja reina, no pueden alimentarse por sí mismos porque no tienen aguijón asi es que deben ser alimentados por las obreras. Tienen el cuerpo mas ancho que estas últimas y ojos mas grandes y más saltones. Siguiendo con la comparación podría decirse que los desvalidos, niños, ancianos o simplemente vagos y vagas, sin distinción de sexos o preferencias de nuestros deseos genitales, nos parecemos bastante a los zánganos. Tampoco tenemos aguijones que nos permitan obtener recursos para vivir y somos alimentados por los que de verdad se rompen el lomo día a día para ganarse el sustento.


Finalmente la abeja reina, existe una sola en toda la colmena y es lógicamente hembra. Esta va a nacer de un huevo que recibió cuidados reales, y como para asegurar la existencia de una abeja reina, hay varios huevos de este tipo la abeja reina al nacer deberá matar la larva de las demás ya ex posibles abejas reales, es decir de sus competidoras. Si llegara a nacer otra abeja reina, deberán pelear a muerte y la que sobreviva será la nueva abeja reina de la colmena que es la única apta para la reproducción ya que las demás obreras son estériles. Su función es únicamente la de poner huevos, vive cerca de los cuatro años y puede llegar a poner hasta doscientos mil huevos en toda su vida. Es decir es longeva y fecunda, tiene aguijón para agredir, competir y ganar o morir.


Los integrantes de la colmena humana, además de reproducirnos biológicamente, tenemos una descollante vida psíquica, pero preferentemente más dedicada a nuestro ego que al colectivo de egos que somos como especie. Esto nos diferencia claramente de las abejas. 

Somos poco solidarios y también de una fecundidad concupiscente. No guardamos fidelidad a reina alguna y, aunque aparentemos monogamia, somos esencialmente polígamos y promiscuos, característica ésta que nos aleja de los comportamientos activos de los zánganos y de las abejas en general. 

Nuestro comportamiento como especie deja mucho que desear. Somos más individuos que especie. Nuestros instintos de conservación están más dirigidos a nuestro ser individual que a nuestro ser colectivo. Los roles ejercidos por nosotros como integrantes de una sociedad son casi siempre imposiciones culturales. Desde el tabú del incesto hasta la filantropía declamada y no cumplida hacen que nuestra cohesión gregaria carezca de toda inteligencia y, ¡ni hablar!, pueda cifrarse en la infalibilidad del instinto que proteje a los cardúmenes de peces, las jaurías de los canes, las manadas de los búfalos, las bandadas de los pájaros o los enjambres de las abejas. 

Con un evidente complejo de culpa, justificado además, nos reproducimos culturalmente para trascender a la continuidad histórica como especie sabiendo que de especie tenemos muy poco. La pensamos más que sentirla y, cuando de pronto aparece ese instinto de especie, surgiendo desde nuestro estómago, en las canchas de futbol, en los recitales de rock, en los mitines políticos, es para alentarnos a comportamientos deleznables que, una vez que nos alejamos del tumulto, recuperada la paz de nuestro ego, suele avergonzarnos. 

Son excepcionales los casos en que héroes salvan vidas sacrificando las suyas individuales y, cuando lo hacen, consideramos elevarlos a la categoría de los semidioses o los convertimos en mitos, los sentimos sobrehumanos. Antes y desde el invento de la escritura y la imprenta trascendíamos a través de los libros, las partituras, las obras plásticas. Era la manera en que, lavando nuestra culpa, podíamos, como las abejas, fabricar nuestras mieles habiendo abrevado o polinizado en nuestras experiencias de vida. Desde don Quijote y Sancho Panza hasta los atormentados personajes de Kafka la novela, por ejemplo, ha sido un producto cultural surgido del aprovechamiento o metabolismo y elaboración de las experiencias humanas en distintas épocas. Los modos de polinizar y fecundarnos en la trascendencia. 

Actualmente, creo, más que producir mieles producimos venenos. Y ello ocurre porque no abrevamos ni polinizamos en experiencias vitales en las que pongamos el cuerpo y el alma en directo contacto con las realidades como lo hacíamos antes de la revolución tecnológica. 

Actualmente, por el contrario, abrevamos y polinizamos indirectamente, no en experiencias contiguas a lo real sino que nos conectamos al mundo virtual, a la polución de lo mediatico, en el que el agua de los rios o estanques y las flores coloridas de los jardines están ausentes. La realidad se ha ido, ha desaparecido. Además ha quedado suplantada por mentiras, tergiversaciones, sesgamientos interesados, aviesos, destinados a defender intereses poderosos; los de las corporaciones y las personas que las dirigen o se constituyen en beneficiarios directos de sus prosperidades. 

Es decir nos vinculamos o enganchamos a noticias, información, opiniones, propagandas, que laten, parpadean o brillan, como las estrellas en la insondable negrura de la noche, en el mundo virtual, principalmente en las pantallas del plasma o televisor o cine, en las voces de la radio, en la corolatura chillona y las letras catástrofe de la gráfica y las transformamos en nuevas opiniones, creencias, expectativas de conducta, etcétera, que más que mieles suelen ser venenos, tóxicos que nos emponzoñan el entendimiento y hasta el alma, si es que la tenemos. 

Infisionados o infectados con estos venenos, reproducimos actitudes, comportamientos, estados de opinión pública que se traducen en políticas activas o pasivas que orientan el destino del colectivo al que pertenecemos, pero que en vez de orientarlo a menudo lo desorientan, en vez de defenderlo y protegerlo de las acechanzas los llevan a la perdición, la debacle. Tal también el sentido de lo que se mediatiza, esto es la realidad misma que en su materialidad y sensualidad, en su ser empírico se aleja, se distancia de nosotros, se enajena o aliena de nuestra conciencia, de nuestra vigilia, para convertirse en objeto difuso, fantástico, e ingresar así en nuestro imaginario de un modo casi invisible, inconsciente e influír luego en nuestros comportamientos de un modo sutil, subliminal.

Tiene, por todo lo reseñado, mucho sentido comparar a las comunidades humanas con las colonias de abejas y cabe preguntarse qué ocurriría en una colmena si en el lugar de la abeja reina se colocase un zángano. Si bien esta situación sería imposible de realizar entre las abejas porque ellas obedecen a imperativos del instinto natural de la especie y este es infalible, en el caso de los humanos, que como dijera el poeta alemán Rilke, vagamos con paso torpe e inseguro por un mundo interpretado, semejante transposición y suplantación de roles es no sólo posible sino que ha ocurrido y ocurre casi constantemente. En la historia de la humanidad se han dado líderes femeninas procedentes del antiguo régimen, por ejemplo en Inglaterra, como Isabel II, o surgidas del republicanismo conservador de su actual régimen parlamentario, como Margaret Tatcher y líderes femeninas apasionadas y populares como Juana de Arco en Francia y la Pasionaria en España. Pero también zánganos varoniles, algunos maníacos, verdaderos psicópatas o psicóticos muy dañinos, como por ejemplo Calígula, Nerón, Enrique VIII, Hitler o Stalin, han ocupado tronos y sitiales de poder. 

En nuestro país, una abeja reina, Cristina Fernández, ha gobernado de modo memorable para un mayoritario número de personas que han apoyado y aprobado su gestión y sus dos períodos consecutivos de mandato cumplido que han sido fecundos en realizaciones. Ella y también su marido, Néstor Kirchner, que la precediera y provocara el inicio de las transformaciones en el fenómeno histórico cultural que es la Argentina como nación, han sido como el zángano elegido y la abeja reina y han puesto muchos huevos que generaron nuevas realidades que han servido para alimentar el crecimiento de la riqueza, la participación de los obreros, trabajadores, profesionales, técnicos, científicos, sobre todo mujeres, y en general todos los integrantes de la comunidad política humana, en mayor o menor medida, en esa riqueza, que no ha sido únicamente económica, sino también política, social y cultural. 

Es decir, ellos han fabricado las mieles y la jalea real y han inducido también a que los trabajadores, que serían las abejas obreras, hayan podido abrevar en aguas limpias y polinizar en flores recien abiertas para producir sus propias mieles y la jalea real de una responsabilidad gregaria, política y solidaria, robusteciéndonos como comunidad humana y volviéndonos fecundos, útiles, productivos y felices, como las abejas.


Sin embargo, y desgraciadamente, los venenos de la polución mediática hegemónica, al haber emponzoñado los sentimientos y las inteligencias de quienes abrevan y recogen el polen infectado de sus mentiras interesadas, han llevado a que la gente vote y equivoque su elección, han conducido al sufragio subliminal, inconsciente, fundado en lo fantástico, recreándose en semejante accionar aquella mentalidad primitiva, mágica o salvaje que fueran caracterizadas por antropólogos como Levy Bruhl, Levy Straus, mentalidad ésta que responde a los estímulos de la propaganda, la publicidad o el marketing. 

Por obra de esos estímulos mediaticos, procedentes de la realidad virtual, quien le ha sucedido al frente del país a esa abeja reina que fue Cristina Kirchner es Mauricio Macri, que por su condición masculina, oligárquica, y de hombre de negocios no proclive a la sensibilidad social, diametralmente opuesta a la de Néstor Kirchner, pero enmascarada por ese procedimiento eufemístico de los medios ha disimulado o atemperado esos caracteres, ha conseguido llegar a la cima del poder público y es uno de los zánganos de la colmena, pero, a diferencia de Néstor Kirchner, carece totalmente de capacidad reproductiva en lo que a cultura, política, economía y favorecimiento del ascenso social se refiere, porque sus acciones, hasta ahora, al contrario de lo que nos proporcionó su imagen mediatica, de merchandising, no propenden a fecundar el bienestar y la felicidad de los obreros que junto a la mitad más uno del pueblo lo votaron y no ha llegado a penetrar y difundir en el ambito de la república su capacidad de mantener los logros y multiplicarlos. Demuestra en estos pocos días en el poder su esterilidad manifiesta. 

Pero no sólo la de un zángano más dado a su grupo y círculo de intereses que a la inmensa mayoría de la colmena humana, sino también la de un zángano que la está llevando al precipicio, que carece del más elemental instinto para conducirla. La megadevaluación del peso frente al dólar, la liberación de los controles cambiarios, la no protección de las pequeñas y medianas empresas, libradas a tener que competir desventajosamente con productos provenientes de otros paises de costos mucho más reducidos, el consiguiente desempleo de masas importantes de trabajadores que quedarán en la calle ante la reducción de personal, el cierre o directamente la quiebra de estas pequeñas industrias, el aumento de las tarifas del transporte y los servicios públicos por la quita de subsidios ya han deteriorado bruscamente el poder adquisitivo de salarios, jubilaciones e ingresos de los consumidores, y lo empobrecerán todavía más causando una formidable transferencia de ingresos de los sectores más pobres y las franjas medias de la población, cuantitativamente mayoritarios al reducido y minoritario sector más concentrado de la economía, beneficiado también con la supresión de las retenciones a las exportaciones de carnes y cereales y la suba del precio del dólar.- De modo entonces que este zángano no produce mieles ni induce a que otros las produzcamos y, carente de todo sentido gregario de solidaridad, desgastará y debilitará seriamente este colectivo humano que llamamos Nación y del que todos formamos parte e intentará seguir conduciéndonos como a los roedores, en alegre montón, el flautisa de Hamelin los llevó al precipicio.


Amílcar Luis Blanco  ("Las bodas de Caná", oleo sobre tabla de Gerard David)

martes, 10 de noviembre de 2015

EL VOTO SUBLIMINAL






                                  El voto subliminal es el voto inconciente y, también, inconsistente. Está fundado en una nebulosa, vaga y confusa percepción de opiniones infundadas o superficiales o de rumores, informaciones mentirosas, sesgadas, tergiversadas o incompletas. Se emparenta con otros dos tipos de conocimiento que han sido estudiados y clasificados por la Antropología y que han, mucho antes de que en el siglo XX esta ciencia los caracterizara, sido descubieertos y estudiados por el pensamiento filosófico.- Es decir, lo que en el origen de la Filosofía los filósofos que se proponían un saber metodico, sistemático y sin supuestos previos que lo condicionasen distinguieron de la sofística o la doxa. Que aludía a lo que se desprendía de las creencias, prejuicios o restos de una mentalidad prelógica o primitiva, en aquéllos siglos anteriores a la era cristiana, explicable por el magro y poco difundido desarrollo de las ciencias, pero que ya en el siglo XX  Levy Straus y antes Levy Bruhl expusieran desde un punto de vista científico luego de analizar y comparar las formas de comprender la realidad que campeaban en tribus africanas y de oceanía, indígenas de América del Norte y Asia, con las correspondientes a los métodos de las ciencias positivas propios del occidente moderno y la lógica aristotélica. El primero en su libro sobre el pensamiento salvaje y el segundo en su obra sobre la mentalidad primitiva.
                                    De modo tal que el saber subliminal o lo subliminal, definido como "lo que es percibido sin que el sujeto tenga conciencia de ello", del que deriva el voto subliminal, y la mentalidad primitiva o salvaje tienen el evidente punto de contacto de ser tres tipos de posiciones frente a la realidad que eluden, de un modo u otro, toda consideración conceptual o racional acerca del grado de verdad que puedan ostentar los hechos y las acciones humanas y la interpretación que se haga de ellos.
                                         Esta percepción subliminal explica la efectividad y eficiencia de las propagandas propaladas "urbi et orbi" por los medios de difusión masivos que, además, operan en lo que hace a los productos de las industrias y su comercialización, por lo general respondiendo a la capacidad económica de las empresas o corporaciones que los producen, de un modo hegemónico. Ello también responde al fenómeno de concentración de recursos logrados por los monopolios u oligopolios de producción y comercialización de productos que anulan todo posible tipo de competencia porque se apoderan de los mercados ocupando posiciones dominantes en los diferentes rubros de la Economía. Lo que sucede con la producción y comercialización, es decir el fenómeno de unidireccionalidad y unidimensionalidad que acompaña a este proceso de concentración de riqueza y posibilidades de quienes son sus titulares y beneficiarios, se traslada a los medios y al saber o al conocimiento que los medios imponen.
                                  Y lo que sucede con la propaganda y la publicidad, esta polución de lo subliminal, del saber subliminal, no sólo opera para vender masivamente los productos que están en el comercio sino también para imponer ideas, conceptos, información, etcétera. Es decir, en definitiva, para formatear, moldear o directamente crear una percepción de la realidad que no tiene en cuenta criterios de racionalidad o de verdad fundados en la experiencia de la realidad. Esta última es transformada en un relato fantasmagórico, espectral o fantástico, casi siempre dotado de una artificialidad que finge verosimilitud para naturalizarse y parecerse a la experiencia de la realidad pero que, si se analizase a fondo y en sus parametros de obviedad, revelaría ese carácter ficcional y que nos quita a cada momento los pies de la tierra a quienes lo padecemos. Nos arranca del silencio de la observación y la meditación, de la conciencia de nuestra mortalidad sobre todo. Nos sumerge en lo que Heidegger definió como lo inauténtico, la caída del ser ahí en el mundo de una manera apofántica, amanual, en la cual nuestra verdad se oculta y desoculta constantemente como la luz de una estrella que parpadea sumida en una distancia insondable. Una manera de pura actualidad, sin memoria, sin presente ni pasado, parecida a la de los animales, a la de las criaturas que como dijera Rilke viven solamente en sus ojos porque carecen de conciencia y se mueven instintivamente.
                                 Parecen inocentes, inocuos, los discursos que aluden a lograr la felicidad, la plenitud, la salud, la buena figura, el éxito en los negocios, la moda, el amor, los orgasmos simultáneos y perfectos, sin embargo permean o traspasan constantemente nuestras conciencias sin que éstas, en la enorme generalidad de los casos, puedan defenderse y rechazar exitosamente, ejerciendo la capacidad crítica y la memoria, todo este aluvión de mensajes que llegan desde los medios y consiguen crear estados de ánimo colectivos, tal como sucede en las canchas de fútbol, cuando los hinchas de uno u otro equipo alientan a sus jugadores desde las tribunas con cánticos y consignas que no admiten disensos y tienden a masificarlos en una sola dirección y en una exclusiva dimensión de humanidad que suspende los diálogos, el escuchar al otro para elaborar un discurso crítico. Operan entonces en nosotros los antiguos instintos de comportarnos como conglomerados gregarios huyendo hacia una sola dirección, la del pensamiento único, inconciente, subliminal. Tal como ocurre con las bandadas de pájaros, las manadas de cuadrúpedos, los enjambres de abejas o los cardúmenes de atunes que ondulan y se desplazan en abigarrado conjunto para ser devorados por los peces mayores.
                                    La polución subliminal ataca por igual a todos. Todos somos sus víctimas. Nos iguala. No interesa nuestra formación, nuestro grado de preparación. Si hemos cursado solamente la escuela primaria, secundaria, terciaria o universitaria. Lo importante es hacer lo que todos hacen, consumir lo que todos consumen, vestirse como todos se visten y comportarse más o menos como los medios indican que debemos hacerlo.
                                      En esta circunstancia histórica en que se acercan las elecciones que mediante el sufragio darán su apoyo a uno u otro modelo de pais, por un lado el de un estado que intervenga en la economía activamente dando salud, trabajo, educación y oportunidades de ascenso e  inclusión social, distribución equitativa del ingreso, acrecentamiento del mercado interno y en general un estado de bienestar al que puede accederse, y, por el otro, el que se  propone desde una polución subliminal con el eufemístico vocablo "cambio", el del capitalismo extremo que plantea un estado prescindente en cuanto a la salud, la educación y la inclusión o el ascenso social, que se quiere manejar exclusivamente dejando que los mercados nos gobiernen y que los capitales de las corporaciones se muevan buscando exclusivamente la rentabilidad para sus propietarios. Dos modelos, el que pone el capital al servicio de los factores económicos y el conjunto de la economía al servicio del bienestar social, que fue el del peronismo y hoy es el del kirchnerismo con Scioli a la cabeza, y, el opuesto, que pone los factores económicos y la sociedad en su conjunto al servicio del capital para que los dueños de ese capital obtengan sin riesgos toda la rentabilidad, utilidad o dividendos que sean posibles y, en suma, sigan acrecentando su ya cuantiosa riqueza y manteniendo la asimetría entre un gran conjunto enormemente mayoritario del pueblo en la pobreza y un puñado de accionistas de grandes corporaciones que son cada vez más ricos. A nosotros nos toca optar entre nuestra percepción subliminal o nuestra razón crítica, entre nuestra memoria responsable o nuestro olvido sin escrúpulos.

Amilcar Luis Blanco

miércoles, 3 de junio de 2015

POPULISMO Y DEMOCRACIA VERSUS REPUBLICANISMO Y DEMOCRACIA ARBITRADOS POR EL DERECHO DE PROPIEDAD.-



Este parece ser el match o la pelea de fondo, para expresarlo en términos de crónica deportiva, que se juega entre kirchnerismo y oposición.- Del lado del oficialismo están quienes han defendido y defienden la política entendida como participación popular legitimante, del otro, el de la oposición, el sector conservador, cuantitativamente minoritario, integrado por las corporaciones mediáticas hegemónicas que abrevan también en un empresariado monopólico que apuesta siempre a maximizar sus beneficios como meta exclusiva y excluyente de sus actuaciones .- Estos últimos por sus voceros como Elisa Carrió o Santiago Kovadlof, por ejemplo, hablan de República como opuesta a un supuesto autoritarismo populista, al que no le reconocen su calidad democrática.
Habría que remontarse a las Repúblicas griega y romana, a Platón, a Tito Livio, para recordar que aun en el caso de una república aristocrática – gobierno de las elites apoyadas en las supuestas virtudes correspondientes a la opulencia de una única clase con acceso a la educación – se apostaba al bien común y que, como apuntara el historiador romano, las principales leyes de aquél período histórico político que precedió al imperio en la ciudad de las siete colinas eran las que habían tenido un apoyo tumultuario, las que habían sido plebiscitadas en las asambleas de la plebe, forma de democracia semidirecta que ni siquiera requería que quienes representaban al populacho frente al Senado se independizaran de la voluntad y el propósito de sus mandantes.
Otro tanto puede decirse de los jacobinos que entre 1791 y 1794, dieron forma en Francia, a la primera república y que basaban su autoridad en la soberanía popular, y cuyas posiciones eran  radicales, anticlericales, antimonárquicas. Maximiliano Robespierre (1758- 1794) afirmó que:  “la democracia es un Estado en el que el pueblo soberano, regido por leyes que son obra suya, hace él mismo todo lo que puede hacer, y permite hacer, por medio de delegados, todo lo que él mismo no puede hacer”. En esta definición el líder jacobino conjugó el principio de la soberanía popular con los de la representación política y el Estado de Derecho.

 
 “¿Custodios de la República o enemigos de la Democracia?, es el título del libro de publicación reciente de Eduardo Jozami, en el que se sostiene que los grupos dominantes que integran ese poder real y actuante, que este Estado de Derecho Democrático y Republicano, con mayúsculas, sustancia en cambio con base en el apoyo popular masivo en las urnas, no sólo no avanzan en propuestas que superen el límite de la representación para gestionar sino que se quedan atrás, retroceden, hacia un concepto de república cuyo único respeto y  principio ordenador es el derecho de propiedad, participando así del concepto que la ministro de Ronald Reagan, Jeanne Kirkpatrick, reservó para la Argentina, quien al distinguir entre gobiernos totalitarios y autoritarios, consideró que la dictadura que gobernaba nuestro país por aquélla época era un gobierno sólo autoritario y tolerable porque respetaba el derecho de propiedad. Es decir, perdida para las minorías opulentas, privilegiadas y prebendarias, desde 1983 hasta ahora, la posibilidad de interrumpir el mandato de gobiernos elegidos por el voto popular mediante golpes militares, brazo seglar y armado de esta clase oligárquica, utilizando los enormes recursos que un derecho de propiedad sobre emisoras de radio y televisión y medios gráficos proporciona a esa clase, dándole una posición dominante en el mercado de medios y también en otros mercados que les permiten lobbies y boycots permanentes, se apela al recurso de desprestigiar, mentir, sesgar la información, producir corridas cambiarias e inocular odio en la subjetividad de quienes son destinatarios de esta andanada comunicacional y cursos de acción tóxicos para obtener los mismos objetivos, derrocar al gobierno popular y participativo, cortar la inclusión social, la equidad en la distribución del ingreso y disminuir una demanda global que los obligaría a actuar en el campo económico no únicamente teniendo como meta el beneficio sectorial sino la igualdad y la ética que lleva al bien común y al estado de bienestar.-
El derecho de propiedad como ordenador de los demás derechos, como superior a todos los demás, incluidos la libertad y la igualdad, en esta lógica perversa, en este camino hacia la plutocracia más descarnada, reino de la exclusión, intemperie de anomías, éticas y jurídicas, en la que todo se despersonaliza para quien queda fuera y es condenado a la miseria, basado en una concepción de egoísmo e individualismo máximos, adquiere así una preponderancia que lleva a considerar las explicaciones que Jean Paul Sartre da en “El ser y la nada” acerca de la historia de occidente cuando señala la prevalencia de las cosas, de los objetos, sobre los seres humanos, concretamente con relación a la ruta del oro, su extracción de las minas americanas, su transporte a Europa y la entronización de su posesión y toda la significación que arroja sobre quienes, hombres y mujeres, esclavos y esclavistas, debían actuar alrededor de ese metal precioso. Ese estar al servicio de las cosas, del mundo material. Característica deplorable del espíritu humano que en lo cotidiano nos pasa tan inadvertida y a la que Julio Cortázar en “Historia de cronopios y de famas” pudo referirse destacando lo naturalizado de esa domesticidad y mansedumbre con la que aceptamos un regalo creyendo que es un regalo, cuando hace notar que, al contrario de lo usualmente interpretado, cuando nos regalan un reloj en realidad somos nosotros los regalados al reloj porque en adelante lo cuidaremos, temeremos perderlo, lo compararemos con otros relojes, etcétera.-

Es decir, este costumbrismo de aceptar la prevalencia de lo material y una como indiscutible propensión al acrecentamiento inmoderado de las posesiones materiales como legitimación de toda riqueza y de todo rico, nos pone cada vez más a mayor distancia de ponderar los valores humanos cifrados en la solidaridad, el respeto al otro y a sus derechos a acceder a oportunidades tendientes a lograr la inclusión y la movilidad social y una participación equitativa en el ingreso.- Libertad, igualdad y participación popular dan sentido y contenido a toda democracia e intentan como valores convertirnos en seres más humanos y sobre todo realizarnos como protagonistas de la historia y la cultura, aún desde el punto de vista de nuestra materialidad psicofísica para valernos de los bienes y no para inclinarnos ante sus majestades que nos empobrecen y despotencian cuando los convertimos en la meta más alta de nuestras vidas.

Amilcar Luis Blanco ("La libertad guiando al pueblo" oleo sobre tela de Eugene Delacroix)


martes, 24 de febrero de 2015

EL GORILISMO O ANTIPERONISMO; UN FUNDAMENTALISMO ARGENTINO.-








                                   Mucho tiene que ver esta fobia, esta anatematización en contra del peronismo, históricamente sostenida por nuestra burguesía nacional, por nuestra oligarquía vernácula, que Jorge Abelardo Ramos caracterizara como "terrateniente, parasitaria y rentística" y Domingo Faustino Sarmiento como "civilización", con nuestra postergación como sociedad y como pueblo. Hoy habría que agregar a los monopolios hegemónicos multimediáticos que defienden a las corporaciones nacionales y multinacionales del poder y del dinero, que son sus avisadores y dadores de publicidad, como formando parte de estas clases privilegiadas y prebendarias que disfrutan del mas alto porcentaje del ingreso nacional.- En suma, el gorilaje.
                                         Se las llamó "gorilas" cuando quebró el peronismo, mas o menos a partir de 1955 en adelante. Y estos gorilas tuvieron descendencia no solamente genética sino también clasista. Los prejuicios de rechazo al negro, al descamisado, al grasita, al trabajador procedente del interior que se agremiaba o sindicalizaba a la luz y el impulso de los primeros decretos que sancionara y promulgara el nuevo Secretario de Trabajo y Previsión del Gobierno de Edelmiro J. Farrell, Coronél Juan Domingo Perón, se trasladaron a la clase media argentina: al empleado de banco o de comercio categorizado, a los profesionales médicos, abogados, ingenieros, a las maestras y los profesores, a los pequeños y medianos comerciantes y sus familias y terminaron por configurar una idiosincracia impermeable, sorda y ciega, en la gran mayoría de ellos, al reconocimiento palpable y consciente de los beneficios y ventajas de las conquistas sociales que reinvindicaron y satisficieron las profundas y elementales necesidades de la inmensa masa de trabajadores, parias y marginados, que como los indios en montoneras y los gauchos y antes los esclavos negros, zambos, mulatos y mestizos, venían sufriendo su exclusión; estos últimos explotados por las mitas, los yanaconazgos y las encomiendas desde el origen mismo de la conquista y el coloniaje, o sea desde finales del siglo XV y el siglo XVI en adelante.
                                           Ese reconocimiento que debió haber avispado o avivado a nuestra clase media haciéndole ver que "mejor que decir es hacer y mejor que prometer es realizar", frase recurrente en los discursos de Perón ,que el líder había sacado de sus lecturas de las "Vidas paralelas" de Plutarco y que en los estamentos más altos de nuestra burguesía, quienes por los años 20 y 30 del siglo pasado formaban parte de los cenáculos de Victoria Ocampo, tuvo muchísimo que ver en significación y sentido con otra que se le escuchó a José Ortega y Gasett, el filósofo español que visitó nuestro país invitado por la directora de "Sur", cuando dijo "Argentinos, a las cosas".-
                                             Porque nuestra burguesía acomodada, su intelectualidad, viajaba asiduamente a París hasta con vaca y todo para tirar manteca al techo.- Nuestra política extranjerizante y entreguista - la del Pacto Roca - Runciman de 1933 - se ufanaba a través de su dirigencia, surgida del mal llamado "fraude patriótico" en la bien denominada "década infame", de ser una estrella más del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte, del British Conmonwealth of Nations, es decir, junto a Canadá y Australia, los titulares de entonces de nuestro Gobierno estaban orgullosos de considerarse europeos y particularmente británicos.
                                         La expresión "gorila", "gorilaje", como sinónimo de antiperonista surge como algo frívolo, de un divertimento, un programa radial porteño de humor de aquélla época, año 1955, llamado "La revista dislocada" para referirse a quienes mantenían reuniones secretas y conspiraban contra el gobierno de Perón.- Lo inventan los que quieren reírse de la gravedad y el peligro de un momento histórico del que no quieren participar tomando partido, responsabilizándose. Tiene mucho que ver con los advenedizos.- El ser advenedizo es un rasgo típico del argentino medio, se emparenta con su desarraigo, su amor por lo europeo y lo estadounidense; un cholulismo al uso y un "después de mi el diluvio" o el famoso "no te metás".
                                                    Se trata así, en el caso del gorilismo o antiperonismo, de un fundamentalismo edificado sobre la arena movediza de una subjetividad veleidosa, inmadura y constantemente reacia al compromiso que a lo que no renuncia nunca es a su labilidad. El espíritu contreras de una clase media huidiza, miedosa, pusilánime, que vive mirando, además, hacia los estamentos más altos del dinero y el poder para mimetizarse con sus representantes, para sentirse distinta y distinguida, para dejar de ser lo que es y ser otra cosa. El mozo que es mal mozo porque eso no es lo de él, o el chofer, o el dependiente, que reniegan asimismo de cumplir cabalmente sus quehaceres porque están mirando más allá de ellos.
                                                   Lamentablemente ese intento de mirar más allá es en realidad una simulación para no ir más allá, para quedarse donde están y no trasponer jamás sus limitaciones. Se sienten más cómodos si nada se mueve, si nada se transforma. Quienes gozan de una vida fácil, o por lo menos de abundancia, tienen razón para ser conservadores porque tienen qué perder y por eso se oponen a las transformaciones o cambios sociales que los obligan a resignar algo de lo que tienen. Los que, en cambio, sin padecer necesidades extremas deben hacer equilibrios para sobrevivir - la clase media -, son esclavos de ese fundamentalismo antiperonista, antipopulista, cuyos cimientos, como arenas movedizas, son los prejuicios insuflados por la clase alta, su ser advenedizos, volubles, pusilánimes e irresolutos.-

Amilcar Luis Blanco