lunes, 29 de julio de 2013

LOS ADVENEDIZOS CALÍGULAS Y/O LOS LILIPUTIENSES NERONES DE LA OPOSICIÓN.-







                                                              Los representantes de las facciones opositoras: Fernando Pino Solanas, Elisa Carrió, Alfonso Prat Gay, Victoria Donda, Mauricio Macri, Sergio Massa, Francisco De Narvaez, Darío Giustozi, etcétera, incluso los dirigentes de un radicalismo atomizado, son hoy calígulas advenedizos o nerones liliputienses.- Sus designios son individualistas y antojadizos en todos los casos ya que no les importa con quiénes están ni cuáles son sus programas, lo único que cuenta para ellos es la voluntad de poder, de posicionarse en algún lugar del poder político institucionalizado. En el caso de las primarias abiertas, solidarias y obligatorias del próximo 11 de agosto cuentan con llegar para poder postularse en octubre como senadores o diputados. No importa si quienes están con ellos formarán o no un grupo político coherente ni mucho menos los proyectos de leyes que tratarán de llevar a cabo.
                                                      Los que priman son sus veleidades y caprichos individualistas. Están lejos de pensar o ejercer la política como una militancia, de ceñirse a disciplinas partidarias y sumarse a equipos y proyectos.
                                             Hacen todo lo contrario de lo que se practica dentro del kirchnerismo  por ejemplo, o de lo que se estilaba cuando el radicalismo, el socialismo, la democracia progresista, eran verdaderas fuerzas con contenido popular, organización partidaria y plataforma programática que los expresaba y constituía una propuesta seria o más o menos consistente para un electorado que se informaba de un modo más plural y menos hegemónico. No conciben ni han concebido jamás a la política como un servicio solidario que se presta al prójimo con desinterés para generar resultados que alcancen a todos.
                                                       La política no es ni debería ser jamás un berenjenal de egocentrismos ni una feria de vanidades en los que cada uno aspira a desplegar sus manierismos, ambiciones personales y veleidades antojadizas para hacer crecer su poder individualmente. Es o debería ser más bien todo lo contrario; un voluntariado de servicio más parecido al que prestan los bomberos o las instituciones sin fines de lucro pero con la seguridad que pueda brindar una preparación específica y acorde a la función que se presta.
                                                           Quizás este diletantismo o solipsismo de hoy, de quienes pretenden ser dirigentes, muchos de ellos incluso sin ninguna preparación ni capacitación previa, sea el resultado de los largos años de oscuridad propiciados y mantenidos por las dictaduras militares inspiradas e incentivadas por una oligarquía omnipresente en el tiempo y el espacio geopolítico de nuestro país desde que los cabildantes de 1810 decidieran darse un gobierno propio. Clase ésta integrada por plutócratas o aristócratas que suelen servirse de los ambiciosos y usarlos en su beneficio, dicho sea de paso.
                                                             La ausencia de mínimas exigencias éticas para postularse como candidatos puede referir también a que, quienes abrigan designios de proteger prebendas y privilegios y mantenerse en ese poder real para pocos al que sólo ingresan las clases adineradas y prósperas, son devotos de la anti-política, ya que ellos, supuestamente, alardean de no necesitar de la actividad política y son partidarios de un Estado ausente o mínimo, que no los moleste cobrándoles impuestos o retenciones. Es decir, los pobres, desclasados, trabajadores, proletarios, cuentapropistas, monotributistas, pequeños y medianos empresarios, que encuentran y demandan gestión y acciones de sus representantes políticos necesitan de la política y de un Estado activo y vigilante que los proteja. Necesitan además y por eso mismo que la política sea una actividad seria, adscripta a cánones de ética, a organización y disciplina dentro de los partidos, a la formulación de plataformas y propuestas claras, comprometidas, debatibles y perfectibles, que los tengan en cuenta y defiendan cuando sus representantes lleguen al gobierno del Estado.-
                                                        En este sentido Kirchner, Cristina Fernández y sus senadores y diputados e igualmente sus ministros, desde el 2003 a la fecha, se han comportado con seriedad y ética. Han transformado, como gobierno y desde el Estado, una realidad oprobiosa, comparable al infierno en la terminología de Néstor Kirchner, en otra de inclusión social, distribución equitativa del ingreso, oportunidades de movilidad y ascenso social para todos, incluso para los terratenientes, industriales, productores y detentadores de la riqueza tradicional en la Argentina.
                                                       En resumen han practicado la política en serio, con ética y responsabilidad, y han respetado el sentido de bien común aristotélico en el que ésta consiste.
                                            Si los representantes de la oposición quieren tener mejores oportunidades en el futuro deberán aceptar que ellos también dependen y forman parte del Estado y ponerse a trabajar en serio en la política. Deberán dejar de lado sus vedetismos, ceñirse a la organización y la ética, aprender a respetar para respetarse y dejar de ser los pequeños calígulas patéticos, advenedizos y veleidosos, que sobre-actúan y pronuncian mensajes grandilocuentes para levantar sus individualidades y, en la gran cantidad de los casos, además de pretender servirse a sí mismos sirviendo a los poderosos, dejar de inducir a otros, ocultándoles o sesgándoles la información o directamente engañándolos, a que los sirvan. Como dijera Cristina Kirchner, sin hacer nombres, casi todos ellos están enfermos de importancia. Deberían curarse ejerciendo la humildad, la solidaridad, la responsabilidad y el respeto por la política, que es el respeto por sus semejantes, y darse cuenta de la seriedad que ésta conlleva. De otro modo fracasarán y nos harán fracasar si, por ventura, consiguen engañar a través de sus aliados, los monopolios mediáticos, que los usan y emplean, a un electorado cuyos integrantes necesitan respuestas reales y satisfactorias de una política ejercida con ética y responsabilidad.-


Amílcar Luis Blanco.-

miércoles, 19 de junio de 2013

El viscoso fallo de la Corte Suprema





                                                    Con la saludable disidencia del voto del Ministro doctor Eugenio Raúl Zaffaroni y el también valiente y esclarecido dictamen de la Procuradora General de la Nación, doctora Gils Carbó, la mayoría de los miembros de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, al declarar la inconstitucionalidad de los artículos de la ley que establecen la elección, por sufragio directo y universal del pueblo, de los consejeros que en el Consejo de la Magistratura representarán a jueces,  abogados, académicos y científicos, incurrieron en las consabidas y previsibles hipocresía y gatopardismo que caracterizan al estamento mas rancio, aristocrático y conservador de los tres poderes que integran el Estado y deben representar a  la comunidad política en su conjunto.-
                                                      En primer lugar, en su viscoso fallo de resbaladizos conceptos, que engrasan y confunden los atributos políticos e ideológicos de cualquier existencia humana, enturbiándola y tapándola con esa pringosa insinceridad, ignoraron o pasaron por alto la indeterminación del artículo 114 de la Constitución Nacional sin reconocer el pecado de origen  que los constituyentes de 1994 insuflaron, con una redacción difusa y genérica, a la imprecisa institución que creaban, carencia que hizo necesaria su reglamentación en tres oportunidades, la última la de la ley actual, que se sujetó en cada caso a las imposiciones de las coyunturas políticas que, en ejercicio de una competitividad dinámica, las sancionaron.-
                                                    En segundo lugar tampoco tomaron en cuenta lo excepcional, en el tenor fundante de nuestra juridicidad como Nación, de la elección de funcionarios por nuestros representantes directos - presidente y legisladores - y que, en esos casos, el texto lo dijo expresamente.- 
                                           En tercero, dieron relevancia deslegitimante al origen o la pertenencia político-partidaria de jueces y abogados que eventualmente compitan para ser consejeros, y éste quizás constituya el argumento más hipócrita y gatopardista, más untado de presuntuosidad y arrogancia teóricas, de la justificación ensayada para explicar la inconstitucionalidad que declaran, considerando que dichos funcionarios  perderían independencia e imparcialidad al exponérselos, en el nuevo sistema creado por la ley que analizaron, a la influencia o presión externa de los partidos políticos que los impulsasen y apoyasen en sus candidaturas.
                                       Este razonamiento postula la existencia de zombies para tales desempeños. Según la lógica sesgada, separada de la realidad de toda existencia humana en cuanto tal,  preconizada por la mayoría de los miembros de la Corte, los jueces y abogados, e imagino que también los científicos y académicos, no deberían tener ideología alguna. Únicamente los miembros conspicuos de los estamentos técnicos - así, eufemísticamente, el fallo se refiere a la Asociación de Magistrados y al Colegio de Abogados - podrían tener ideología y, supongo, la suficiente integridad moral y ética para dejarla de lado y decidir en cada caso concreto sobre la designación, permanencia y/o remoción de magistrados. Los demás, el resto de sus pares, no si ellos no lo deciden. En cambio, siguiendo siempre la lógica sustentada en el decisorio, los representantes del Poder Ejecutivo y Legislativo, ellos sí, exclusivamente, podrían hacer uso de sus ideologías. Como se ve la hipocresía y el gatopardismo desembocan en el absurdo, además de mantener desigualdades ante la ley absolutamente injustificadas. 
                                                Quiero agregar que, en el sentido y significación desarrollados por el pensamiento de los juzgadores, que vengo exponiendo, la ideología o la adscripción a una determinada posición político partidaria se considera, por parte de los ministros cortesanos en el fallo en crisis, un demérito cuando, en realidad, los jueces que sean designados como tales por el Consejo de la Magistratura, sólo por el hecho de ser humanos, tienen una posición político partidaria y, ya sea que reciban presiones externas o internas, deberán  desenvolverse con independencia e imparcialidad en el ejercicio de la magistradura conforme sus imperativos morales y éticos y, éstos últimos, constituirìan  el único patrimonio o bagaje personal que deberìan hacer jugar para un cabal desempeño en la función.- Y para tales fines no importarìa entonces de qué modo y por qué procedimientos hubieran sido seleccionados sino sus grados y niveles de integridad moral, los cuales, dicho sea de paso, al ser publicados o hechos conocer mediante las propagandas partidarias y adscriptos a una plataforma política propuesta llegarìan al conjunto del pueblo, a una gran cantidad de gente, y serìan juzgados, estos grados y niveles de integridad moral, de un modo mucho más exigente y objetivo que si se dejaran librados a los amiguismos e influencias de las corporaciones que el fallo denomina eufemísticamente, como dije, estamentos técnicos.
                                         El aire que se respira dentro de las corporaciones o estamentos técnicos suele estar viciado por ambiciones, envidias, agresiones encubiertas, intrigas palaciegas, conveniencias, competitividades, que en el gran cuerpo social del pueblo de una nación se atenúan y diluyen o pasan a ser grandes consignas y, por último, expresan estados de opinión pública que se compadecen mejor con la fuente de legitimación genuina de toda democracia que es la voluntad popular.-El fallo de la Corte, al favorecer a las voluntades corporativas en detrimento de la voluntad soberana del pueblo, es reaccionario, retrógrado, anacrónico, no se compadece con la dinamicidad y las mutaciones de la temporalidad histórica que marcha hacia un porvenir exento de artificialidades y mistificaciones, que ansía la mayor medida de verdad y autenticidad posibles.
                                           Probablemente, este viscoso manto de hipocresía y gatopardismo que encubre y disimula el poder detentado por corporaciones que se infiltran en el  órgano judicial  constituido y legitiman y consolidan su soberanía a través de fallos como éste, suscitará, al presionar sobre el buen sentido y la tensión vanguardista de los nuevos tiempos, una resistencia que llevará a una reforma de la Constitución Nacional para poner las cosas en su sitio, en un lugar más acorde al porvenir existencial y auténtico de la especie humana. 

Amílcar Luis Blanco
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miércoles, 12 de junio de 2013

La representatividad de los consejeros del Consejo de la Magistratura.

                                               








("El abogado y su cliente" Oleo de Honoré Daumier)

                                                         El artículo 1º de nuestra Ley fundamental, dice: "La Nación argentina adopta para su gobierno la forma representativa ...", el artículo 22: "El pueblo no delibera ni gobierna sino por medio de sus representantes ...". Habrá que convenir que la "representatividad", refiere a la delegación de poder que el pueblo, poder constituyente en una Democracia, hace a favor de los funcionarios que elige por medio del sufragio. También que esta delegación de poder lo es de soberanía, entendiendo por tal la suma de posibilidades, la potencia máxima que asiste a los seres humanos individual y colectivamente para construir entre todos la organización jurídica y fáctica que deberá efectivizar, o sea, transformar en actuación tangible su potencia o voluntad política. Aquí juegan las categorías aristotélicas de potencia y acto, materia y forma, esencia y existencia. Quienes actualizan en organización y gestión el poder que emana de la soberanía del pueblo de una nación son quienes resultan elegidos como representantes de ese conglomerado humano que formamos entre todos, se lleva así a forma y existencia lo material y esencial de una Democracia que es el poder o voluntad política del pueblo de una nación.
                                                      Sabido es también que las elecciones de representantes pueden ser directas o indirectas. Hasta la Constitución de 1994, los senadores, dos por cada provincia, dos por la Capital, eran elegidos por las legislaturas de estos estados autónomos que conforman la confederación, significados en el preámbulo de nuestra Carta Magna cuando alude a la " ... la voluntad y elección de las provincias que la componen...", a la Nación, naturalmente. Eran elegidos así en forma indirecta por diputados y senadores de cada provincia. A partir de 1994 son votados en forma directa por el pueblo. Este cambio significó sin duda un progreso al eliminarse la intermediación entre el pueblo y los senadores electos.
                                                      El Consejo de la Magistratura, órgano político del Poder Judicial de la Nación, al igual que la Corte Suprema de Justicia, tuvo su acta de nacimiento jurídica en esta Constitución de 1994. Hasta su sanción los jueces eran elegidos por el Presidente de la Nación a propuesta en terna del Senado. Es decir, la designación era indirecta. El pueblo estaba mediado por sus representantes, uno directo, el Presidente, los otros indirectos, los senadores. El artículo 114 de la nueva Constitución crea el Consejo de la Magistratura y contiene una alusión genérica acerca de la forma de elección de los consejeros que habrán de integrarlo, precisando exclusivamente que, sea cual sea la forma de elección definida en la ley que reglamente al órgano creado, deberá procurarse en la misma el equilibrio entre la representación de los órganos políticos resultantes de la voluntad popular, de los jueces de todas las instancias y de los abogados de la matrícula federal.- 
                                                              Las leyes que reglamentaron el artículo establecieron que los representantes de los jueces y los abogados debían ser electos por sus pares, es decir, por la Asociación de Magistrados y por el Colegio de Abogados de la Capital Federal. La nueva ley, recientemente sancionada, cambió la forma de elección de los consejeros que representarán a jueces y  abogados, disponiendo que éstos sean elegidos directamente por el voto popular a propuesta de los partidos y agrupaciones o frentes políticos, tal como se hace actualmente con diputados y senadores. Se hace jugar así el principio de representatividad en un modo más directo que con la ley anterior.
                                                      Entiendo que se trata de un avance, de un progreso, y que la nueva ley se plenifica y legitima de manera más profunda y genuina con lo establecido para la forma de gobierno en uno de los tres poderes, el Poder Judicial.  Se ahonda en el principio de representatividad, de transmisión de soberanía y poder popular a la institución estatal que había estado más alejada hasta ahora de la significación teórica y el ejercicio práctico de este principio del mandato de voluntad colectiva y mayoritaria de quienes integramos la comunidad política en el que radica la Democracia. De los términos griegos "demos", "pueblos" y "cracia", "gobierno". La Democracia es el gobierno del pueblo, diferente de la Aristocracia, de "aristos", "excelentes", "nobles", gobierno de la nobleza; en el medioevo duques, condes, marqueses, barones, reyes y de la "autocracia", gobierno de uno solo, como las monarquías absolutas.-
                                                          Las corporaciones, lo son el Colegio de Abogados y la Asociación de Magistrados, agrupan a sus pares según sus profesiones u ocupaciones y se ocupan del gobierno de la matrícula y de los temas atinentes a sus quehaceres específicos. Gestan y mantienen un poder que no debe extralimitarse ni ir más allá de sus incumbencias. Es indudable que actualmente las corporaciones, sobre todo las que persiguen fines lucrativos,  o puntos de vista que favorecen sus intereses corporativos, influyen poderosamente sobre los políticos y los gobiernos. Son verdaderos factores de poder. Pero sus intereses no son los de todos. Si de algo debe ser independiente el gobierno de una verdadera Democracia no es de las ideologías, que las plataformas partidarias consiguen transformar en programas de gobierno y llevar a gestión concreta a través de la aprobación mayoritaria, mediante el sufragio universal, secreto y obligatorio, sino del poder de las corporaciones que tratan de imponer sus privilegios y los intereses que defienden como la ley y el interés de la mayoría o de todo el pueblo de la Nación.
                                                           De esa influencia corporativa nefasta se libera el gobierno de la Nación y su Poder Judicial con la reforma que introduce la nueva ley cuando dispone que los consejeros que integran el Consejo de la Magistratura sean elegidos por el voto directo, secreto, universal y obligatorio del pueblo de la Nación. Los partidos políticos elegirán de entre los jueces y los abogados los candidatos a consejeros que los representarán y el pueblo de la Nación los consagrará.-
                                                              El Poder Judicial es y ha sido más una corporación que un Poder constituido creado por el poder constituyente del pueblo. De todos es el más cerrado y aristocrático, sólo dependiente de los poderes de las corporaciones que le son tributarias, es decir la Asociación de Magistrados, los colegios de abogados y procuradores que integran una "nobleza" sui generis, hasta ahora no expuesta al escrutinio de las masas. Buena prueba de ello es cómo y con qué celeridad se han pronunciado por considerar inconstitucional la ley que las comunica con la voluntad popular y el sufragio y las expone a que sus miembros que ejerzan poder político en el gobierno sean elegidos y removidos por esa soberanía tan peligrosa, cambiante y poco conservadora.
                                                               Habrá que tener en cuenta que los consejeros del ámbito académico y científico serán elegidos de igual forma, por el pueblo de la Nación y no por los consejos directivos de los colegios o universidades que eventualmente los agrupen o en las que se desempeñen para concluir que la ley constituye una avanzada en la conquista de una Democracia más plena y real que la que históricamente hasta el presente hemos vivido.-

Amílcar Luis Blanco

jueves, 25 de abril de 2013

La presunta "apoliticidad" de la Justicia

                                                









                                                   Semejante presunción es sólo un sofisma y hay que desmontarlo. Los hombres somos animales políticos según lo descubriera Aristóteles cinco siglos antes de Cristo. El "zoom politikon" que somos, en cada acto que realizamos, se totaliza como resultado de lo que elegimos ser y en esa totalización expresa su historia personal, su ideología y ese porvenir que se plantea "para sí" mismo y que es el no ser hacia el que constantemente huimos para significar y significarnos, según lo explicara pormenorizadamente el filósofo existencialista francés Jean Paul Sartre. Los jueces son hombres políticos que, cuando sentencian, actualizan y totalizan su "existenciariedad" cotidiana. No puede, por consiguiente, existir una Justicia que sea "apolítica".-

                                                         Dicho esto, debemos advertir, darnos cuenta, de que los denuestos dirigidos como críticas serias por los opositores al proyecto democratizador de la Justicia, enviado por la Presidente al Congreso de la Nación, para que los consejeros, que integran el Consejo de la Magistratura, institución  que interviene en el nombramiento, suspensión y remoción de los magistrados, sean elegidos por el sufragio directo, universal y obligatorio del Pueblo de la Nación y como sus representantes directos en ejercicio de su poder y soberanía constituyente, fundados en que el partido gobernante pasaría a dominar y enseñorearse del Poder Judicial, no constituyen objeciones serias y realistas ya que el estribo filosófico en el que se apoyan es falso. Dicen que los jueces no tendrían independencia, ni juzgarían con imparcialidad.-

                                                            ¿Cuándo, en que época histórica, en qué lugar de la tierra, los jueces juzgaron con independencia e imparcialidad? ¿Acaso cuando prolongan "sine die" cautelares que favorecen a los grupos económicos o a las corporaciones en detrimento del Pueblo de la Nación y  del erario público? ¿Acaso cuando han puesto por encima o en un pie de igualdad a los bandos militares con la Constitución Nacional legitimando a las Juntas militares genocidas? ¿Acaso cuando han aplicado las leyes de obediencia debida y punto final?

                                                              Los jueces han respondido siempre a sus ideologías liberales y conservadoras y han dependido también siempre de sus patrones terratenientes, industriales, comerciantes, dueños de medios y a las clases poderosas encarnadas en las corporaciones profesionales o sindicales. Han sido siempre fieles a historias personales y existencias cuyas subjetividades estuvieron impregnadas no sólo de esa ideología sino también de las ventajas, privilegios, prebendas y comodidades inherentes a las clases ricas y poderosas de las que provienen, a las que en general pertenecen y de las que son también tributarios.

                                                                   Pero, ¿quiénes son los más necesitados de Justicia, de inclusión, de equidad en la distribución del ingreso y de sus derechos? No son los ricos precisamente, no son las corporaciones, no son los que lo tienen todo.- Los más necesitados de Justicia son los que viven o "existen" meramente en el desamparo, en la intemperie, los parias, los pobres.-

                                                                   Así entonces, una ideología que los abrace y los comprenda, que no los excluya, que siguiendo la ejemplaridad cristiana se incline por la solidaridad y, entre otras cosas, como actitud fundante de una nueva Justicia, de una Justicia para ellos y para todos, se quite el sayo viscoso de la hipocresía, y les permita votar y elegir a quienes han de representarlos para que, a su turno, esos representantes puedan nombrar, sancionar y remover los jueces que serán los nuevos titulares de esa nueva Justicia, para que ésta exprese en sentencias inspiradas en una ideología democrática, popular o populista, como quieran llamarla, ese genuino poder que ese Pueblo les trasmita, es una transformación, un progreso, un avance hacia la verdad que hay que saludar como auspicioso.-

Amílcar Luis Blanco (Fresco publicado por Gonzalo Gamio en "Justicia distributiva...")

jueves, 18 de abril de 2013

LA MARCHA DE NADIE (Comentario a propósito del 18A)

                                                 














                                                  En realidad la oposición se repugna a sí misma en esta marcha de hoy, 18 de abril.- Ninguno de ellos le habla a la gente reunida en Plaza de Mayo o en el Obelisco para movilizarlos en pro de propuestas concretas.- Tampoco tienen ninguna, ni les preocupa.- Nada los preocupa porque nada los ocupa.- Se rasgan las vestiduras como pésimos actores a quienes se les nota que los sentimientos de moralina, el barniz de humanismo que pretenden, es fingido.- Los veo en la pantalla de mi televisor deambulando a la deriva con la gente.- Elisa Carrió junto a Pino Solanas,  alternativamente interpelados por los micrófonos y las cámaras.- Ellos están en contra, siempre están en contra. Les basta con  producir declaraciones denostatorias y gradilocuentes.- Ninguna crítica seria, ninguna idea, ninguna propuesta concreta.- Hay dirigentes políticos que lo único que tienen en común es estar en contra del gobierno, y de la política. Diputados, senadores, asisten a la marcha como si ellos no formaran parte del Poder Legislativo del Estado. Proceden como si no hubiesen sido electos por el sufragio universal, secreto y obligatorio que los llevó a poder sentarse en sus bancas para cobrar sus jubilosas dietas.- Como si no tuvieran responsabilidad ninguna en debatir, legislar y sancionar leyes.- Como si no vivieran de la política.- Obran con perfecta desvergüenza y acendrado cinismo. Se unen a oradores circunstanciales, de barricada y se juntan también entre ellos físicamente, como objetos, como si no tuviesen pensamientos sino únicamente cuerpos y caras  ¿Porque cómo pueden unirse Cecilia Pando con Victoria Donda, es decir, marchar juntas? Carteles y pancartas con leyendas injuriosas sobre la presidente portadas por energúmenos y energúmenas de la clase media que pasan de la pusilanimidad a la ostentación haciendo gala de un dilentantismo superficial, grotesco, obsceno. 
                                     Una heroica periodista, Cynthia García, trabándose en reñidas entrevistas con personas que le gritan y la topan con epítetos, interjecciones y denuestos que son como piedras arrojadas a la marchanta, a boca de jarro.- En algún rincón de la calle, Castex, con su cara de careta, barbada, amarillenta, que parece de plástico, arengando a un grupo de curiosos en tono quejoso y descerrajando sobre sus oídos con voz chillona referencias a la corrupción, la inseguridad y la inflación.- Lo que uno concluye es que los grupos mediáticos monopólicos han dañado en la gente su sentido común, incluso su sentido crítico, dispersándolo, batiéndolo casi a punto de nieve con el azúcar insustancial de los dimes y diretes, hasta volverlo un merengue sólido.- Los interpelados se muestran exasperados, impermeables al dialogo, no tienen líderes, proyectos ni ideas, sólo exteriorizan estados de ánimo negativos, agresivos, violentos, depresiones crónicas, broncas, impotencias de sus propios destinos personales que trasladan en corrientes de odio hacia los políticos y la política. Están envenenados, patológicamente afectados, además de por sus dificultades reales que, en mayor o menor grado, todos tenemos, por las mentiras, las tergiversaciones, las informaciones sesgadas que no les dan cuartel y atiborran sus imaginarios colectivos con la doxa de la ignorancia y el chusmerío fácil de los que tienen poco que perder y mucho que ganar confundiéndolos .-

                                          Lamentablemente, la impresión que me produce esta absurda, delirante y lunática concentración de gente, desarticulada, invertebrada, a la deriva, es la de una caravana de locos y mendigos que cada vez más piden una limosna de claridad y buena fe, de consideración, sensatez, respeto y honestidad por parte de quienes ejercen el poder, sobre todo el poder de informarlos y de interpretar las noticias. Un periodista vedette, como Lanata por ejemplo, que descarga continuas insensateces utilizando un lenguaje de petulante y perdonavidas, que se manifiesta con absoluto cinismo y desprecio por la verdad, articulistas o editorialistas como los que escriben en Clarín y La Nación o propalan por Radio Mitre o TN la retahíla de estupideces constantes para poder mantener sus estatus,  sus elevados estándares de vida, que avergüenzan y envilecen la profesión de periodistas.
                                                En realidad la marcha de hoy, 18 de abril, termina por ser la marcha de nadie, la de sombras sólidas, zombies fabricados por los medios.-

Amílcar Luis Blanco  ("La romería de San Isidro" por Francisco de Goya y Lucientes)

EL TOTALITARISMO DE LOS MEDIOS Y LA VISTA GORDA DE LA JUSTICIA


"Señora de ojos vendados
que estás en los tribunales
sin ver a los abogados
baja de tus pedestales,
quítate la venda y mira
cuánta mentira..."

María Elena Walsh

                                       Parece que el totalitarismo de los medios no molesta a la Señora de ojos vendados. El fallo de Cámara, del miércoles 17 del mes en curso, que da la razón al Grupo Clarín y declara la inconstitucionalidad de los artículos 45 y 48 de la ley de medios de comunicación audiovisual ha inclinado la balanza, entre el derecho a la información plural y el poder económico, por éste último. Ha tenido en cuenta que la ecuación económica de rentabilidad que el Grupo obtiene, manteniendo el crecido número de operadoras de cable por televisión y estaciones radiales,  que lo colocan en una posición dominante en el mercado de los medios, es más importante que el derecho que tienen los operadores independientes, cuya proporcionalidad aseguraría la difusión de noticias y opiniones no regidas exclusivamente por un principio crematístico, el desmedido afán de lucro, sino por criterios inspirados en posiciones cuyas finalidades tienen que ver con la educación, la ciencia, la ética y la cultura, para que cada uno de los que  reciban la variedad de noticias y opiniones puedan construír, ejercitando el criterio, verdades que les pertenezcan y estén más allá del miedo a perder la tutela que el grupo y sus avisadores puedan proporcionarles. Entre los monopolios y quienes podrían comercializar, con la vigencia de esos artículos de la norma en crisis, el servicio de información en un crecido número, gestando así una concurrencia a ese mercado de competencia perfecta, en el sentido que Adam Smith daba en "La riqueza de las naciones" a este concepto, los camaristas, de viajes y estadías pagados en Miami por el privilegiado grupo económico, han elegido dejar que este gigante avasallador y formateador de subjetividades siga cerniéndose y mandando sobre la enorme porción de sus televidentes y escuchas que seguirán  consumiendo así, sin defensa ni prevención, las toxicidades, tergiversaciones y mentiras que este desaprensivo Goliat seguirá propalando alegremente.-
                                                  Otros horizontes se abrirían para quienes encienden el televisor o el aparato de radio si en vez de escuchar la sempiterna monserga que desde hace décadas les lava los cerebros con las mismas opiniones, las mismas noticias sesgadas, cortadas y medidas conforme a los intereses que los miembros del grupo defienden, pudieran ver y oír, además de a estos mistificadores, a otros operadores cuyos puntos de vista difieren, en modo antitético, de los que hoy monopolizan los medios, porque el espectro radioeléctrico y televisivo estuviera repartido con equidad y verdadera Justicia.-

                                                             A la Justicia se le pide, según la antigua definición de Ulpiano, que de a cada uno lo suyo, que se comporte con equidad y equilibrio, sobre todo que reparta el poder en cantidades equivalentes y, ya se sabe, desde Foucault en adelante, que saber es poder y que ese saber o conocer se nutre del derecho a informarse libremente y a tomar de la oferta mediática lo que nos parezca adecuado escuchando a todos por igual y no a uno solo como si fuera el único, para que, de paso, sus riquezas no decrezcan.-

                                                                  Los votos de Najurieta, Guarinoni y de las Carreras, coinciden en distinguir el servicio que se presta a través del espectro radioeléctrico, limitado y susceptible de reglamentación estatal que quiebre el monopolio y asegure la pluralidad de contenidos, lo que sí consideran constitucional, del servicio que se presta a través del medio físico, cable, ilimitado en sus posibilidades, insusceptible entonces de extremada regulación, que puede y debe ser escrutada así con estrictez por la Justicia en cuanto a su razonabilidad y constitucionalidad.- En este último caso entienden que la integración vertical y economía a escala que asegure una millonaria audiencia, garantiza a la par una cuantiosa publicidad y a la postre una rentabilidad que la hace sustentable.- Razonan que si se aplicaran las restricciones del art. 45 de la ley 26.566, que permiten un solo prestador para el aire o el cable en una misma localidad, pero no su concurrencia, la televisión por cable quedaría irrazonable e inconstitucionalmente restringida con relación a su competidor satelital (Direct TV) que llega con su pluralidad de contenidos a una vasta audiencia cuantitativamente similar a la de Cablevisión, colocándola a esta última en una situación desventajosa.- Estas razones del fallo  están notoriamente unilateralizadas a favor del Grupo Clarín. Dejando de lado otras cosideraciones, ¿ qué impediría que este Grupo compitiese en igualdad de condiciones produciendo su propia emisión satelital con Direct TV?, nada ¿Por qué perjudicar a los pequeños cableoperadores locales disminuyéndoles o enervándoles sus derechos a propalar contenidos en sus propias localidades al imponerles la hegemonía y la potencia del grupo económico poderosísimo con el que no pueden competir? ¿Por qué razón el grupo Clarín no compite con  Direct TV en su propio terreno? ¿Por qué, manteniendo sus privilegios de licenciatarios, tiene que hacerlo desde el cable? Es muy sencilla la respuesta, para que sus suscriptores queden cautivos de esos servicios y no puedan contratar otros más baratos y en manos de prestadores locales, aunque éstos, incluso, creen fuentes de trabajo y para que acceder al cable, caro para una gran mayoría, signifique acceder a la única información posible. Debo agregar que quienes utilizan Direct  TV pueden acceder únicamente a los canales que pueden pagar, de contenidos cuantitativos y cualitativos mayores y más diversos que los que utilizan Cablevisión, quienes se ven obligados a aceptar la grilla que esta  empresa les ofrece, sin poder variarla.- En suma, Cablevisión monopoliza el servicio, sin competencia y desde el cable, para que no decrezcan ni su influencia en las subjetividades ni las riquezas del Grupo a que pertenece.

                                                                Que decrezcan si tienen que hacerlo en beneficio del derecho a informarnos y que se repartan entre múltiples prestadores del servicio porque en la tesitura que ha defendido la Cámara, aunque cite fallos estadounidenses del dudoso primer mundo del consumo y la globalización, nos empobrecemos todos económica y culturalmente.-

Amílcar Luis Blanco


jueves, 14 de marzo de 2013

FRANCISCO I y LA DIFICIL RELACIÓN DEL PODER DIVINO CON EL PODER SECULAR.-






                               La vieja iglesia de Roma, consolidada con sus perfiles más o menos definitivos a partir del Concilio de Nicea en el Siglo IV despues de Cristo con la regencia del Emperador Constantino, ha llevado desde entonces y hasta el presente muy difíciles relaciones con los poderes temporales. Es que, efectívamente, su reino no es de este mundo. Ella impera sobre la fe y las creencias de sus fieles, millones en todo el mundo. La consagración de Jorge Bergoglio, cardenal argentino, arzobispo de Buenos Aires, como Papa Francisco I y el hecho de que pase a ocupar el trono de Pedro en la tierra, renovará sus dificultades frente a un gobierno como el de Cristina Kirchner, nacional y popular. Y eso porque los roles y las metas se confunden en la praxis cotidiana de la acción política que afecta material y espiritualmente a los fieles en su doble condición de tales y de ciudadanos.
La política secular y ordinaria requiere constantemente acciones y definiciones que recaen inmediatamente en la vida gregaria, afecta las condiciones materiales de vida. El fenómeno inflacionario, los salarios y los precios, la salud, la justicia, la educación, las obras y servicios públicos, el empleo, las oportunidades para trabajar, la movilidad social, la familia, la ancianidad, la pobreza, la marginalidad, la inclusión social, la equidad o inequidad en la distribución del ingreso, requieren de acciones prácticas, a veces urgentes, que comprometen al gobierno y a sus funcionarios, a los parlamentarios, a los integrantes del poder judicial, de modo que el éxito o fracaso que obtengan o no en estas materias se mide, gestiona y ejecuta con cierta prontitud histórica. Estos procesos, para bien o para mal, están en estado de abiertos como las heridas, en ascuas o en esperas, hasta que se totalizan en un resultado concreto.
                              En cambio en el reinado espiritual de la iglesia no se esperan medidas, resoluciones, prácticas inmediatas, urgentes, que tiendan a solucionar los problemas que se plantean en la interacción mundana de los componentes de la comunidad política. Los fieles acuden al rezo y a los sacramentos rogando a Dios y a la Virgen desde la Fe y sólo se espera de la iglesia por parte de ellos el soporte espiritual, el consuelo salvífico para seguir adelante. A Dios no se le exigen respuestas concretas. En  definitiva su reino no es de este mundo y, a la postre, los fieles serán remitidos al cielo, al purgatorio o al infierno.
Ello hace que la competencia entre ambos poderes, el terrenal y político y el eclesial y espiritual, sea siempre desdorosa para la política, ya que la iglesia en su vasta y compleja organización mundial y en la conexión con lo divino que se le atribuye puede absorber y metabolizar, digerir y separar en sus componentes elementales, y si es preciso hasta expulsarlos, problemas tan peliagudos como, por ejemplo, el de la pedofilia, el de su pasado inquisitorial, incluso el de sus yerros y complicidades con regímenes autoritarios y genocidas.
Todo esto, es decir los pecados, serán perdonados por la indulgencia divina pasando por las aguas del arrepentimiento en el sacramento de la confesión y posterior comunión con el cuerpo y la sangre de nuestro Señor Jesucristo en  la eucaristía.
A los políticos no les va tan bien, no son jamás perdonados cuando se equivocan y suelen pagar amargamente las consecuencias, no sólo las que corresponden a sus equivocaciones, muchas veces las que tienen que ver con las ideologías que profesan y que han inspirado sus acciones. Y lo peor para ellos es que no los siguen fieles o creyentes sino gente que espera resultados.
                           En materia de liderazgos deberá pensarse que el impulso inconsciente, refractario a la razón y basado en la creencia, que lleva a los fieles a adherir a las líneas de pensamiento que descienden del púlpito, suele ser muy fuerte, incluso generar fanatismos que movilizan inmensas mayorías, en cambio, el que inspira a quienes adoptan un ideario o modelo político afecta, en crecidísimo número, no a quienes han internalizado ideologías a despecho de sus creencias o a quienes son ateos, sino a los que se mueven entre ambos mundos, el espiritual y el material, y esperan de este último milagros que jamás obtendrán y, por lo mismo, harán de su desilusión el poderoso móvil que los lleve de vuelta al refugio de sus creencias, las cuales, obviamente, siguen teniendo la milenaria fuerza y el intangible prestigio de la verdad revelada.
                            Todo esto lleva a considerar que entre nuestra Presidente, Cristina Fernández y el nuevo Papa argentino, Francisco I, deberá tejerse un fino y complejo entramado en el que cada uno respete las incumbencias del otro y, en el caso del nóvel Pontífice, hago votos para que Dios lo inspire especialmente para ese entendimiento porque redundará en beneficio de todos.

Amílcar Luis Blanco