jueves, 18 de abril de 2013

EL TOTALITARISMO DE LOS MEDIOS Y LA VISTA GORDA DE LA JUSTICIA


"Señora de ojos vendados
que estás en los tribunales
sin ver a los abogados
baja de tus pedestales,
quítate la venda y mira
cuánta mentira..."

María Elena Walsh

                                       Parece que el totalitarismo de los medios no molesta a la Señora de ojos vendados. El fallo de Cámara, del miércoles 17 del mes en curso, que da la razón al Grupo Clarín y declara la inconstitucionalidad de los artículos 45 y 48 de la ley de medios de comunicación audiovisual ha inclinado la balanza, entre el derecho a la información plural y el poder económico, por éste último. Ha tenido en cuenta que la ecuación económica de rentabilidad que el Grupo obtiene, manteniendo el crecido número de operadoras de cable por televisión y estaciones radiales,  que lo colocan en una posición dominante en el mercado de los medios, es más importante que el derecho que tienen los operadores independientes, cuya proporcionalidad aseguraría la difusión de noticias y opiniones no regidas exclusivamente por un principio crematístico, el desmedido afán de lucro, sino por criterios inspirados en posiciones cuyas finalidades tienen que ver con la educación, la ciencia, la ética y la cultura, para que cada uno de los que  reciban la variedad de noticias y opiniones puedan construír, ejercitando el criterio, verdades que les pertenezcan y estén más allá del miedo a perder la tutela que el grupo y sus avisadores puedan proporcionarles. Entre los monopolios y quienes podrían comercializar, con la vigencia de esos artículos de la norma en crisis, el servicio de información en un crecido número, gestando así una concurrencia a ese mercado de competencia perfecta, en el sentido que Adam Smith daba en "La riqueza de las naciones" a este concepto, los camaristas, de viajes y estadías pagados en Miami por el privilegiado grupo económico, han elegido dejar que este gigante avasallador y formateador de subjetividades siga cerniéndose y mandando sobre la enorme porción de sus televidentes y escuchas que seguirán  consumiendo así, sin defensa ni prevención, las toxicidades, tergiversaciones y mentiras que este desaprensivo Goliat seguirá propalando alegremente.-
                                                  Otros horizontes se abrirían para quienes encienden el televisor o el aparato de radio si en vez de escuchar la sempiterna monserga que desde hace décadas les lava los cerebros con las mismas opiniones, las mismas noticias sesgadas, cortadas y medidas conforme a los intereses que los miembros del grupo defienden, pudieran ver y oír, además de a estos mistificadores, a otros operadores cuyos puntos de vista difieren, en modo antitético, de los que hoy monopolizan los medios, porque el espectro radioeléctrico y televisivo estuviera repartido con equidad y verdadera Justicia.-

                                                             A la Justicia se le pide, según la antigua definición de Ulpiano, que de a cada uno lo suyo, que se comporte con equidad y equilibrio, sobre todo que reparta el poder en cantidades equivalentes y, ya se sabe, desde Foucault en adelante, que saber es poder y que ese saber o conocer se nutre del derecho a informarse libremente y a tomar de la oferta mediática lo que nos parezca adecuado escuchando a todos por igual y no a uno solo como si fuera el único, para que, de paso, sus riquezas no decrezcan.-

                                                                  Los votos de Najurieta, Guarinoni y de las Carreras, coinciden en distinguir el servicio que se presta a través del espectro radioeléctrico, limitado y susceptible de reglamentación estatal que quiebre el monopolio y asegure la pluralidad de contenidos, lo que sí consideran constitucional, del servicio que se presta a través del medio físico, cable, ilimitado en sus posibilidades, insusceptible entonces de extremada regulación, que puede y debe ser escrutada así con estrictez por la Justicia en cuanto a su razonabilidad y constitucionalidad.- En este último caso entienden que la integración vertical y economía a escala que asegure una millonaria audiencia, garantiza a la par una cuantiosa publicidad y a la postre una rentabilidad que la hace sustentable.- Razonan que si se aplicaran las restricciones del art. 45 de la ley 26.566, que permiten un solo prestador para el aire o el cable en una misma localidad, pero no su concurrencia, la televisión por cable quedaría irrazonable e inconstitucionalmente restringida con relación a su competidor satelital (Direct TV) que llega con su pluralidad de contenidos a una vasta audiencia cuantitativamente similar a la de Cablevisión, colocándola a esta última en una situación desventajosa.- Estas razones del fallo  están notoriamente unilateralizadas a favor del Grupo Clarín. Dejando de lado otras cosideraciones, ¿ qué impediría que este Grupo compitiese en igualdad de condiciones produciendo su propia emisión satelital con Direct TV?, nada ¿Por qué perjudicar a los pequeños cableoperadores locales disminuyéndoles o enervándoles sus derechos a propalar contenidos en sus propias localidades al imponerles la hegemonía y la potencia del grupo económico poderosísimo con el que no pueden competir? ¿Por qué razón el grupo Clarín no compite con  Direct TV en su propio terreno? ¿Por qué, manteniendo sus privilegios de licenciatarios, tiene que hacerlo desde el cable? Es muy sencilla la respuesta, para que sus suscriptores queden cautivos de esos servicios y no puedan contratar otros más baratos y en manos de prestadores locales, aunque éstos, incluso, creen fuentes de trabajo y para que acceder al cable, caro para una gran mayoría, signifique acceder a la única información posible. Debo agregar que quienes utilizan Direct  TV pueden acceder únicamente a los canales que pueden pagar, de contenidos cuantitativos y cualitativos mayores y más diversos que los que utilizan Cablevisión, quienes se ven obligados a aceptar la grilla que esta  empresa les ofrece, sin poder variarla.- En suma, Cablevisión monopoliza el servicio, sin competencia y desde el cable, para que no decrezcan ni su influencia en las subjetividades ni las riquezas del Grupo a que pertenece.

                                                                Que decrezcan si tienen que hacerlo en beneficio del derecho a informarnos y que se repartan entre múltiples prestadores del servicio porque en la tesitura que ha defendido la Cámara, aunque cite fallos estadounidenses del dudoso primer mundo del consumo y la globalización, nos empobrecemos todos económica y culturalmente.-

Amílcar Luis Blanco


jueves, 14 de marzo de 2013

FRANCISCO I y LA DIFICIL RELACIÓN DEL PODER DIVINO CON EL PODER SECULAR.-






                               La vieja iglesia de Roma, consolidada con sus perfiles más o menos definitivos a partir del Concilio de Nicea en el Siglo IV despues de Cristo con la regencia del Emperador Constantino, ha llevado desde entonces y hasta el presente muy difíciles relaciones con los poderes temporales. Es que, efectívamente, su reino no es de este mundo. Ella impera sobre la fe y las creencias de sus fieles, millones en todo el mundo. La consagración de Jorge Bergoglio, cardenal argentino, arzobispo de Buenos Aires, como Papa Francisco I y el hecho de que pase a ocupar el trono de Pedro en la tierra, renovará sus dificultades frente a un gobierno como el de Cristina Kirchner, nacional y popular. Y eso porque los roles y las metas se confunden en la praxis cotidiana de la acción política que afecta material y espiritualmente a los fieles en su doble condición de tales y de ciudadanos.
La política secular y ordinaria requiere constantemente acciones y definiciones que recaen inmediatamente en la vida gregaria, afecta las condiciones materiales de vida. El fenómeno inflacionario, los salarios y los precios, la salud, la justicia, la educación, las obras y servicios públicos, el empleo, las oportunidades para trabajar, la movilidad social, la familia, la ancianidad, la pobreza, la marginalidad, la inclusión social, la equidad o inequidad en la distribución del ingreso, requieren de acciones prácticas, a veces urgentes, que comprometen al gobierno y a sus funcionarios, a los parlamentarios, a los integrantes del poder judicial, de modo que el éxito o fracaso que obtengan o no en estas materias se mide, gestiona y ejecuta con cierta prontitud histórica. Estos procesos, para bien o para mal, están en estado de abiertos como las heridas, en ascuas o en esperas, hasta que se totalizan en un resultado concreto.
                              En cambio en el reinado espiritual de la iglesia no se esperan medidas, resoluciones, prácticas inmediatas, urgentes, que tiendan a solucionar los problemas que se plantean en la interacción mundana de los componentes de la comunidad política. Los fieles acuden al rezo y a los sacramentos rogando a Dios y a la Virgen desde la Fe y sólo se espera de la iglesia por parte de ellos el soporte espiritual, el consuelo salvífico para seguir adelante. A Dios no se le exigen respuestas concretas. En  definitiva su reino no es de este mundo y, a la postre, los fieles serán remitidos al cielo, al purgatorio o al infierno.
Ello hace que la competencia entre ambos poderes, el terrenal y político y el eclesial y espiritual, sea siempre desdorosa para la política, ya que la iglesia en su vasta y compleja organización mundial y en la conexión con lo divino que se le atribuye puede absorber y metabolizar, digerir y separar en sus componentes elementales, y si es preciso hasta expulsarlos, problemas tan peliagudos como, por ejemplo, el de la pedofilia, el de su pasado inquisitorial, incluso el de sus yerros y complicidades con regímenes autoritarios y genocidas.
Todo esto, es decir los pecados, serán perdonados por la indulgencia divina pasando por las aguas del arrepentimiento en el sacramento de la confesión y posterior comunión con el cuerpo y la sangre de nuestro Señor Jesucristo en  la eucaristía.
A los políticos no les va tan bien, no son jamás perdonados cuando se equivocan y suelen pagar amargamente las consecuencias, no sólo las que corresponden a sus equivocaciones, muchas veces las que tienen que ver con las ideologías que profesan y que han inspirado sus acciones. Y lo peor para ellos es que no los siguen fieles o creyentes sino gente que espera resultados.
                           En materia de liderazgos deberá pensarse que el impulso inconsciente, refractario a la razón y basado en la creencia, que lleva a los fieles a adherir a las líneas de pensamiento que descienden del púlpito, suele ser muy fuerte, incluso generar fanatismos que movilizan inmensas mayorías, en cambio, el que inspira a quienes adoptan un ideario o modelo político afecta, en crecidísimo número, no a quienes han internalizado ideologías a despecho de sus creencias o a quienes son ateos, sino a los que se mueven entre ambos mundos, el espiritual y el material, y esperan de este último milagros que jamás obtendrán y, por lo mismo, harán de su desilusión el poderoso móvil que los lleve de vuelta al refugio de sus creencias, las cuales, obviamente, siguen teniendo la milenaria fuerza y el intangible prestigio de la verdad revelada.
                            Todo esto lleva a considerar que entre nuestra Presidente, Cristina Fernández y el nuevo Papa argentino, Francisco I, deberá tejerse un fino y complejo entramado en el que cada uno respete las incumbencias del otro y, en el caso del nóvel Pontífice, hago votos para que Dios lo inspire especialmente para ese entendimiento porque redundará en beneficio de todos.

Amílcar Luis Blanco

domingo, 10 de marzo de 2013

HUGO CHÁVEZ, EMBLEMÁTICO Y VALIOSO.-




La muerte de Hugo Chávez Frías significa una enorme pérdida para Venezuela, para Sudamérica y para el Mundo.El valor simbólico y emblemático de su obra en favor de los pobres y marginados y de la unidad de los pueblos del sur americano que fueran también los sueños de Simón Bolivar, José Martí y San Martín se proyecta y seguirá trasmitiéndose de generación en generación para todos quienes pensamos y pensaremos que la verdadera Democracia se construye para la inclusión social y la repartición equitativa de la riqueza entre todos.
Sabido es que las verdades son relativas, unilaterales e inherentes a los intereses egoístas de los grupos humanos y quienes consiguen imponer su verdad relativa a los demás grupos o clases tratan de convertirla en única y absoluta y, sobre todo desde los medios gráficos y audiovisuales dominantes, la propagan y siembran, inseminan o inoculan, en las mentes o subjetividades de la mayor cantidad de gente que pueden. Y, en estos casos, la técnica de inseminación o inoculación consiste en introducir la estupidez y el vacío, o la atención sobre tópicos de frivolidad manifiesta en sus conciencias para  imbecilizarlos y poder de ese modo manipularlos.
Por ello cobra su relieve por su acierto, la frase de Mariano Moreno, que dice: "Si los pueblos no se ilustran, si no se divulgan sus derechos, si cada hombre no conoce lo que vale, lo que debe y lo que puede, nuevas ilusiones sucederán a las antiguas y después de vacilar entre mil incertidumbres será tal vez nuestra suerte mudar de tiranos sin destruir la tiranía"
Quienes aborrecen a Chávez y están en las antípodas de la verdad en la que creo y que él representa seguirán sosteniendo que él es un tirano. La gran mayoría de quienes opinen de ese modo, repitiendo así el pensamiento que les han sembrado, inseminado o inoculado los poderosos para seguir explotándolos, no se ilustrarán, no conocerán lo que valen, lo que deben y lo que pueden, porque están y estarán grávidos de ilusiones e incertidumbres y, en el mejor de los casos, vacilarán en todo lo que emprendan y, muy posiblemente, fracasarán también.
Si analizan y estudian desprejuiciadamente la vida, trayectoria y obra de Hugo Chávez Frías podrán ingresar de una buena vez por todas en la verdadera historia real en la que creo y dejarán de flotar en la realidad virtual de ilusiones e incertidumbres que proponen los monopolios mediáticos y que son propiamente irrealidades con las que se los confunde, es decir, tergiversaciones y mentiras.
Ilustrarse es también informarse a partir de diferentes voces y perspectivas, es caminar los días y los suelos con los propios pies, atravesar las atmósferas y los ambientes y respirar el aire de las calles con nuestros pulmones, escuchar y ver con oídos y ojos propios, a quienes hacen lo que dicen y entregan la vida por sus ideales. Gente como Hugo Chávez, como el Che Guevara, como Eva Perón, prefiguran un futuro en el que las verdades puedan coexistir sin pretender imponerse como únicas.  La antítesis de la tiranía es la pluralidad, el respeto, la no manipulación y uso de los seres humanos para fines que benefician a unos pocos. No legitimar la infausta mezcla de los ideales con los intereses. Es liberarse de la tutela, siempre aviesa e interesada, de los poderosos que instrumentan y usan a los demás y que son siempre minorías que reniegan de las mayorías populares porque la verdadera Libertad, la que crea y establece oportunidades para todos y se escribe con mayúscula no les conviene. Ellos están acostumbrados a su pequeña libertad, la de los privilegios y prebendas, la que tratan de sembrar, inseminar, inocular, desde los medios de los que se han adueñado como parte de su desmesurada riqueza material y a la que disfrazan siempre con una retórica grandilocuente. Tienen derecho a ser retóricos y grandilocuentes, pero quienes no pensamos como ellos tenemos derecho a exigir que sean una voz más en un concierto de otras voces y no la única voz.

Amílcar Luis Blanco

viernes, 25 de enero de 2013

LA ACTITUD ELUSIVA Y EL VALOR DE LA LUCHA.-







Eludir, esquivar, propio de lo lábil de la consciencia, de su metonimia encubridora. De ese “para sí” que lleva todo “en sí” existente, según Sartre; ese agujero de la nada en el ser que somos sin ser. Aunque parezca complicado nuestra más compartida actitud, potenciada por esa carencia ontológica que nos posibilita como seres, es escapar, huír, irnos de las situaciones de hecho, fácticas, que requieren que nos comprometamos con ellas, que les pongamos el cuerpo y, más propiamente, el cuerpo y el alma para que nos golpeen todos los palos y/o nos encumbren todas las alabanzas.
Las actitudes solipsistas, egoistas, menos comprometidas, son las más cómodas. Dan la razón a Tomas Hobbes, a su opinión acerca de nosotros y de sí mismo, los seres humanos, como intrínsecamente malos.
Pero, además, explican las preponderantes conductas de quienes vivimos en esta sociedad consumística y devoradora, el “no te metás”, el “sálvese quien pueda”, el “después de mi el diluvio”, el “ande yo caliente y ríase la gente” que recoge Quevedo y el sin fin de actitudes en las que, aparentemente, quedaríamos a salvo del caos, de la contaminación destructiva de tantos males insidiosos que reptan, caminan y vuelan por este mundo y que pujan por tomarnos, deshacernos y consumirnos también. Lo que justifica nuestra angustia existencial y nuestra pragmática decisión de fuga incesante.  Y, en lo que toca a la política y al tomar partido por la acción o la palabra, o por ambas, la de eludir es la actitud que puede convertirse en el salvavidas que nos rescate del naufragio o el golpe de gracia que nos darían nuestros ocasionales enemigos o adversarios si llegáramos a pronunciarnos a favor o en contra. Debemos cuerpear, esquivar, eludir la definición que nos dejaría casi siempre “expuestos”, listos para recibir el golpe o la bofetada, en pocas palabras “con el culo al aire”.- Nos convertimos entonces en neutrales, sin color, asépticos, prescindentes o advenedizos.-
Sin embargo semejante salvación es  aparente siempre porque aún cuando nos afirmemos en una posición, aunque estemos, por ejemplo, a favor o en contra de la ley de medios, a favor o en contra de la carta de la presidenta a Darín, a favor o en contra de la minería a cielo abierto, a favor o en contra de los fondos buitre, aún en estos casos, el mundo sigue andando e infinidad de veces la impasibilidad de ese desenvolvimiento mundano frente a nuestras posturas y opiniones hace que nos sintamos como motas de polvo, como material descartable, como objetos a la deriva; propiamente como ese “no ser”, como ese agujero insaciable en el que todo se pierde y no es pero que custodiamos con toda la débil fuerza de nuestra existencia. La débilidad de nuestra ilusión perfora nuestra angustia y trae hasta nosotros una fuerza desconocida y nueva. En medio del absurdo luchamos en pos de algo mejor.
Entonces uno evoca a los poetas que más lo han sensibilizado. Entre ellos, el gran Miguel Hernández, de Orihuela, España, cuando en su enorme poema “Sino sangriento”  se refiere al albañil de sangre y dice: “Un albañil de sangre, muerto y rojo,
llueve y cuelga su blusa cada día
en los alrededores de mi ojo,
y cada noche con el alma mía,
y hasta con las pestañas lo recojo”. 
Es decir ese rescatarnos cotidianamente para seguir viviendo supone un compromiso constante y comunitario, el único virtuoso y ético, valioso, atribuible a nuestra libertad, ya no sólo como condena en el sentido sartreano, ontológico y trascendental, sino como proeza, épica y sostén de nuestra posibilidad como especie y aunque el mar de la nada, de la nihilización constante, imprescindible incluso para poder pensarnos, tienda a ahogarnos y convertirnos en pura contingencia, la que, como se sabe, es la muerte misma, la que nos desvive, aún así debemos rescatarnos y definirnos y luchar.
Cuando uno escucha y lee cómo los vietnamitas lucharon contra el ejército más poderoso de la tierra, cavando doscientos cincuenta kilómetros de túneles, comiendo sólo arroz, reciclando armas que sus enemigos dejaban abandonadas, cuando uno evoca las gestas patrióticas del pueblo en armas en el ejército del norte comandado por Belgrano en la segunda década del siglo XIX, y numerosas luchas y gestas comunitarias y populares, no puede menos que abominar de las actitudes elusivas y las escapatorias individualistas y revalorizar las otras, las de compromiso, solidaridad activa y lucha constante. Sólo de ese modo y en todos los frentes podremos salvarnos como especie

Amílcar Luis Blanco

lunes, 14 de enero de 2013

A propósito del capitalismo





















El capitalismo, como forma del liberalismo económico, debería quedar relegado a una técnica útil únicamente en un sistema político, económico y social que, desde lo jurídico, asegurase la equidad en la distribución de la riqueza. Ponerlo como "axis mundi" o eje de la economía resulta, por lo menos, anacrónico e, indiscutiblemente, antifuncional y regresivo. Si bien el incentivo de la expectativa de ganancia es motivador para quien crea y produce en este campo y no sería jamás recomendable un cuadro de situación jurídico político que lo desconociese o aplazase, lo que derivaría en un verdadero totalitarismo regresivo en todo sentido, sí en cambio es conveniente que se lo regule en función de las necesidades y derechos de quienes integran la sociedad, dado que en su seno hay seres humanos que cumplen y encarnan una pluralidad de vocaciones diferentes que deben integrarse con la vocación de ganancia.
Incluso desde la educación debe predicarse que la inclinación a ganar dinero no debe practicarse sin el correspondiente sentido ético o moral que la acompañe. Un estafador, un ladrón, están tan imbuidos por la ambición de la riqueza como un industrial, un comerciante, un profesional o cualquier otro mortal. La diferencia es que en los primeros no hay escrúpulos o consideraciones valorativas hacia sus prójimos que detengan sus impulsos o apetencias como si existen, o deberían existir, esas estimaciones en los otros. En derecho se dice "neminen laedere", no dañar, no vulnerar, no herir al otro; respetarlo en su integridad. La ética predica incluso la ayuda, la solidaridad. Las religiones, la judeo cristiana en particular, hablan de caridad, una de las tres virtudes teologales.
¿Pero qué ocurre cuando lo axiológico, lo ético, los valores, se transforman en meras formas, cuando se recurre a la hipocresía y el cinismo y, con habilísimos subterfugios y chicaneo leguleyo se hace una simulación, una parodia constante de estos valores y se los burla, se los desconoce? Como las conductas virtuosas están prescriptas por normas éticas se cae entonces en lo que se denomina la "anomia". Es decir, se actúa en un mundo "anómico", sin normas, en el que cada uno aspira a sobrepujar y superar al otro en una competitividad hueca y vacía.
El caos, el desorden, que generan las conductas anómicas en una sociedad llevan a la debacle, al derrumbe de la organización jurídico política, al "sálvese quien pueda" y, por supuesto, a la exclusión y marginación de vastos sectores que son explotados por los inescrupulosos. Por eso el capitalismo es regresivo, anacrónico. Pone en retroceso el crecimiento individual y colectivo al destruir los valores que alimentan  el equilibrio vital de una comunidad y la transforma en injusta porque algunos se quedan con lo que a otros les falta. La idea de la justicia social es que no le falte nada de lo elemental a nadie aunque otros puedan tener más porque se les retribuya su capacidad o ambición o ambas, pero siempre ese tener más debe encontrar un límite en función de lo social. Nadie puede tener derechos adquiridos contra los del conjunto de una sociedad. Hay valores que, desde antaño, son de orden público. Esto ya fue visto y predicado por distintos filósofos: Aristóteles, Marx, Sartre, por citar algunos.
Pero lo disvalioso sucede cuando la idea de ganancia individual es la que prima, la que aspira a ser y es, de hecho, la "episteme" o el principio a partir del cual las políticas se proponen sus planes de acción. El móvil crematístico, el deseo de lucro, que anima a quienes trabajan, debe redundar en beneficio y mejoramiento de sus vidas, contribuyéndose, más allá de lo que estas produzcan o generen materialmente, a la formación de un capital que, aunque generado por una "plus valía" o proporción de trabajo no remunerado al trabajador individualmente, sirva como excedente que deba volver a todo el conjunto social y distribuirse con equidad.- La idea es que no puede redundar exclusivamente en beneficio de una persona o grupo de personas porque entonces se transforma en caos, desorden e injusticia social y material.


Amilcar Luis Blanco



domingo, 30 de diciembre de 2012

EL FALLO DE LA CORTE DEL 27/12/12 ACERCA DEL PER SALTUM EN LA APELACIÓN DEL ESTADO NACIONAL.-


Perón sostenía que la Justicia debía ajustarse a la Política, ésta a una ideología que tuviese como objetivo el bienestar generál de la sociedad, del colectivo humano. Su pensamiento, según interpreto, era aristotélico, materialista en un sentido marxista y nitzscheano de aceptación de la lucha y las rivalidades que conlleva para el mejoramiento de una comunidad que debía organizarse.
Desdeñaba la supremacía de lo individual, egoista, solipsista, por sobre lo solidario. En este sentido su pensamiento era concluyente. Era además práctico, no fascista sino socialista antiutópico, estaba más cerca en todo caso del Franco de Hendoya que del Hitler de Auschwitz. Era contrario a un liberalismo autoritario como el que se vino practicando en Argentina desde que se lo derrocara en 1955 y hasta las lamentables experiencias que culminaron en el 2001 con el triste gobierno de De la Rúa. Trato de sintetizar, como se comprenderá.
Decía Perón  que la Justicia no venía de Dios ni podía dominar la Política. En realidad daba vuelta los sofismas del liberalismo autoritario que cree que no puede existir una moral sin la garantía del libertinaje. Muchos liberales a ultranza suponen que como la conducta ética o moral se elige no hay que estar obligado a elegirla y que si un gobierno corrige nuestros deslices, nuestros derrapes éticos y morales, es fascista o autoritario.
Esta concepción deja de lado la parte virtuosa del socialismo y, en el caso de la justicia, de la justicia para todos. Así, si muchos grupos monopólicos, poseedores de medios en demasía, que infringen las disposiciones de una ley antimonopólica, han acercado a la AFSCA (Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual) sus propuestas de desinversión, procurando ajustarse al marco de la nueva normativa, el fallo de la Corte los deja ridiculizados, con el traste al aire, ya que, contrariando en sustancia el texto del que emitiera en mayo pasado fijando el 7D como fecha máxima para la extensión de la cautelar, el fallo del Juez Federal Alfonso y lo dictaminado por Gils Carbó, sosteniendo que al estar próxima la sentencia de mérito debe continuar la protección precautoria,  dejando para  resolver "sine die" la vigencia de una cautelar contenida en el efecto suspensivo de la apelación por la constitucionalidad de los artículos 45 y 161 de la ley, cuando en vez de ello pudo aceptar el planteo de caducidad de la medida cautelar dejando a la Cámara Federal, cuyos integrantes, justamente recusados por el viaje que les pagara una de las partes en el proceso, el pronunciamiento sobre el fondo de la cuestión, así, repito, si éste fallo de la Corte no lo hizo y dejó que este sólo y prebendario grupo monopólico Clarin quedara protegido en su pretensión de ganar tiempo para que luego de las elecciones parlamentarias y hasta ellas pueda desgastar con sus mentiras, tergiversaciones y sesgada información el prestigio del Gobierno, la Corte, digo, con ello, se puso claramente del lado de ese liberalismo autoritario, se sumó a las trampas y chicanas del grupo. Y esto es lamentable y condenable. Esto da razón a la Presidente cuando afirma que hay que democratizar la Justicia. Hay que hacerlo, en efecto, en procura de que la Justicia tenga que ver con un modelo político de país en el que prime la visión aristotélica primigenia aunque sepamos que la dinámica es materialista, de lucha, destotalizadora, sartreana y foucaultiana. Es decir una Justicia que esté en consonancia con un modelo democrático, pluralista, abierto, antiautoritario, destotalizador, que no procure vigilar y castigar a la masa, al desheredado y paria que vive dentro de su dilatado anonimato para favorecer al puñado de sinvergüenzas que desde hace décadas monopolizan con su sesgada información, manipulan y formatean la subjetividad de las grandes mayorías para que éstas sigan ayudándolos, estólidas y estupidizadas, a detentar sus privilegios seculares y a fabricar la carroña de la que la alimentan para seguir engordando ellos.
Mas allá de las cuestiones técnico jurídicas, la honrosa y justa disidencia de Eugenio Raúl Zaffaroni explicita y hace posible la solución propuesta. Esta Justicia no está a la altura de ésta política y muchísimo menos por encima de su plebiscitada vigencia sino muy por debajo de ella. Deja muchísimo que desear. Entre otras cosas, que desde los ya vetustos y arrogantes bastimentos teóricos que la apoyan y que provienen de ese liberalismo desvergonzado y cínico que se refugia y oblitera en castros medioevales de un rancio corporativismo gatopardista, que deja intactos privilegios y prebendas, se acceda a otra cuyos integrantes, fiscales, defensores oficiales y jueces sean elegidos por la voluntad popular después de exponer sus méritos públicamente ante quienes somos sus justiciables; que se ventilen en debates públicos, orales, actuados y frente a jurados populares las cuestiones a resolver y que deje de ser la engañifa, el simulacro, la parodia de una verdadera justicia que demuestra ser con este fallo vergonzoso.


Amílcar Luis Blanco (Obra "Libertad y Justicia" por Javier Omar Pallás)

UN CAPITALISMO VIRTUOSO. EL PENSAMIENTO ECONÓMICO DE MARTÍN LUTERO jueves, 29 de marzo de 2012

Este artículo fue publicado por mí el 29 de marzo de 2012, cuando todavía no había abierto este blog. Por su asunto es más propio de este blog que de "Prosas salvajes", por eso ahora le di entrada aquí. Creo que como no toca una cuestión puntual puede leerse todavía ya que atañe, en generál, al capitalismo y constituye una crítica y una opinión sobre la actualidad de esta derivación económica del liberalismo décimo nónico.








Contrariamente a lo sostenido en "El Leviatan" por Thomas Hobbes, "homo homini lupus", "El hombre es el lobo del hombre", en los escritos económicos de Martín Lutero la consigna es "homo homini Deus", porque en tanto trabaja y acumula riquezas debe hacerlo conforme la ética de incluir y repartir y hacerlo, además, equitativamente. Traducido a nuestro tiempo y nuestro lugar en el mundo se trata de un capitalismo ético y humanista, cuyo sentido último finca no, como lo definiera Marx, en la apropiación individual de la acumulación de "plusvalía" por trabajo, que constituye al capital, por una clase privilegiada, sino en la utilización de ese capital en el colectivo o en la comunidad humana dentro de cuyo seno se gesta. Es decir, Lutero plantea una ética económica fundada en la voluntad, aunque su condicionante espiritual y anímico sea la fe. En este sentido su pensamiento se adelanta en el tiempo y viene a coincidir con conceptuaciones de la historia casi contemporáneas acerca del poder y también del sentido ético y humanístico que podría asumir. Una antropología filosófica que partiendo de Nietzsche y aceptando las conclusiones en su "Crítica de la razón dialéctica" de Sartre a Hegel y Marx y las de Heidegger que llevan al pensamiento de Foucault y Deleuze, no ve en la historia del hombre sobre el planeta una dirección teleológica general de avance o progreso sino un trabajo de la voluntad subjetiva particular de cada uno venciendo a la inercia del fatalismo e incluso de las estructuras de poder heredadas, en el caso de Foucault éste llega a definir el poder estatal como pastoral, a la vez individual y conglobante, de un tiempo en el que el dasein heideggeriano debe arrojarse sobre cada posibilidad para conferirle sentido único. La condena de la libertad humana a elegir definida por Sartre en "El ser y la nada", entre el "en sí" y el "para sí" puede resolverse y debería hacerlo en un sentido de no perversión en su nihilización, para contrapesar o equilibrar el absurdo que, en principio, supone la nada como hiato óntico.- El trabajar para la comunidad, para todos, con un sentido de solidaridad que tienda al enriquecimiento mutuo y recíproco y excluya la explotación del hombre por el hombre o el aprovechamiento de su ligereza, inexperiencia o su eventual situación de desesperación y pobreza, supondría una neutralización en acto de esas acciones que guían otras acciones originadas en los grupos dominantes y que constituyen en esencia el cómo del poder según la caracterización de Foucault. La abominación de la usura y de toda acumulación espúrea de valores forma parte de esa estimación para la acción. También la exaltación de la inversión y aplicación constante de esa riqueza para la producción de bienes y servicios tendientes a satisfacer una creciente demanda, identificándola con el evangélico milagro de la proliferación de los panes y los peces que Jesucristo repartiera entre su desbordante auditorio. El dinero concebido como felicidad proveniente de una concepción ética que inspira una acción práctica que construye día a día y ademas sostiene su voluntad óntica y estética. El saber como poder y construcción de verdad en el sentido que Foucault le atribuye a partir de una convicción moral previa proveniente de la revelación divina en el caso de Lutero, realizaría una síntesis de acción que vendría a enriquecer y conferir sentido a la organización económica postulada a partir del liberalismo. La lucha y el enfrentamiento bélico o político entre individulos o grupos de individuos por el poder, neutralizándose o disolviéndose en el credo de la voluntad ética sería un horizonte practicable para la política desde lo que ella induce en la comunidad como valores. Esto es Lutero. En el siglo XVI cuando comienzan a proliferar con Erasmo de Roterdam y Tomas Moro en Inglaterra los pensamientos que después serían desdeñados como utópicos, ante el extravío y la desorientación que suele demostrarse actualmente en las políticas y en las economías sobre todo en el occidente neoliberal y "cristiano" resultan, por lo menos, memorables las conceptuaciones de Martín Lutero respecto de la riqueza y deberían ser revalorizadas y tomadas en cuenta, incluso a la luz de los pensamientos producidos durante las dos últimas centurias.-




Amilcar Luis Blanco
Desde luego que Lutero fue un adelantado a su tiempo y que sus postulados en materia económica deberían ser tomados en cuenta incluso en nuestros días, para que la gente tomase conciencia de que el bien colectivo debería primar sobre el bien individual, pero, desgraciadamente, el egoísmo prima sobre la filantropía...

Muy buen artículo, mi querido Amílcar, mi enhorabuena por él y mis mejores deseos para este blog que recién inauguras.

Besos.
ERO.-