domingo, 10 de marzo de 2013

HUGO CHÁVEZ, EMBLEMÁTICO Y VALIOSO.-




La muerte de Hugo Chávez Frías significa una enorme pérdida para Venezuela, para Sudamérica y para el Mundo.El valor simbólico y emblemático de su obra en favor de los pobres y marginados y de la unidad de los pueblos del sur americano que fueran también los sueños de Simón Bolivar, José Martí y San Martín se proyecta y seguirá trasmitiéndose de generación en generación para todos quienes pensamos y pensaremos que la verdadera Democracia se construye para la inclusión social y la repartición equitativa de la riqueza entre todos.
Sabido es que las verdades son relativas, unilaterales e inherentes a los intereses egoístas de los grupos humanos y quienes consiguen imponer su verdad relativa a los demás grupos o clases tratan de convertirla en única y absoluta y, sobre todo desde los medios gráficos y audiovisuales dominantes, la propagan y siembran, inseminan o inoculan, en las mentes o subjetividades de la mayor cantidad de gente que pueden. Y, en estos casos, la técnica de inseminación o inoculación consiste en introducir la estupidez y el vacío, o la atención sobre tópicos de frivolidad manifiesta en sus conciencias para  imbecilizarlos y poder de ese modo manipularlos.
Por ello cobra su relieve por su acierto, la frase de Mariano Moreno, que dice: "Si los pueblos no se ilustran, si no se divulgan sus derechos, si cada hombre no conoce lo que vale, lo que debe y lo que puede, nuevas ilusiones sucederán a las antiguas y después de vacilar entre mil incertidumbres será tal vez nuestra suerte mudar de tiranos sin destruir la tiranía"
Quienes aborrecen a Chávez y están en las antípodas de la verdad en la que creo y que él representa seguirán sosteniendo que él es un tirano. La gran mayoría de quienes opinen de ese modo, repitiendo así el pensamiento que les han sembrado, inseminado o inoculado los poderosos para seguir explotándolos, no se ilustrarán, no conocerán lo que valen, lo que deben y lo que pueden, porque están y estarán grávidos de ilusiones e incertidumbres y, en el mejor de los casos, vacilarán en todo lo que emprendan y, muy posiblemente, fracasarán también.
Si analizan y estudian desprejuiciadamente la vida, trayectoria y obra de Hugo Chávez Frías podrán ingresar de una buena vez por todas en la verdadera historia real en la que creo y dejarán de flotar en la realidad virtual de ilusiones e incertidumbres que proponen los monopolios mediáticos y que son propiamente irrealidades con las que se los confunde, es decir, tergiversaciones y mentiras.
Ilustrarse es también informarse a partir de diferentes voces y perspectivas, es caminar los días y los suelos con los propios pies, atravesar las atmósferas y los ambientes y respirar el aire de las calles con nuestros pulmones, escuchar y ver con oídos y ojos propios, a quienes hacen lo que dicen y entregan la vida por sus ideales. Gente como Hugo Chávez, como el Che Guevara, como Eva Perón, prefiguran un futuro en el que las verdades puedan coexistir sin pretender imponerse como únicas.  La antítesis de la tiranía es la pluralidad, el respeto, la no manipulación y uso de los seres humanos para fines que benefician a unos pocos. No legitimar la infausta mezcla de los ideales con los intereses. Es liberarse de la tutela, siempre aviesa e interesada, de los poderosos que instrumentan y usan a los demás y que son siempre minorías que reniegan de las mayorías populares porque la verdadera Libertad, la que crea y establece oportunidades para todos y se escribe con mayúscula no les conviene. Ellos están acostumbrados a su pequeña libertad, la de los privilegios y prebendas, la que tratan de sembrar, inseminar, inocular, desde los medios de los que se han adueñado como parte de su desmesurada riqueza material y a la que disfrazan siempre con una retórica grandilocuente. Tienen derecho a ser retóricos y grandilocuentes, pero quienes no pensamos como ellos tenemos derecho a exigir que sean una voz más en un concierto de otras voces y no la única voz.

Amílcar Luis Blanco

viernes, 25 de enero de 2013

LA ACTITUD ELUSIVA Y EL VALOR DE LA LUCHA.-







Eludir, esquivar, propio de lo lábil de la consciencia, de su metonimia encubridora. De ese “para sí” que lleva todo “en sí” existente, según Sartre; ese agujero de la nada en el ser que somos sin ser. Aunque parezca complicado nuestra más compartida actitud, potenciada por esa carencia ontológica que nos posibilita como seres, es escapar, huír, irnos de las situaciones de hecho, fácticas, que requieren que nos comprometamos con ellas, que les pongamos el cuerpo y, más propiamente, el cuerpo y el alma para que nos golpeen todos los palos y/o nos encumbren todas las alabanzas.
Las actitudes solipsistas, egoistas, menos comprometidas, son las más cómodas. Dan la razón a Tomas Hobbes, a su opinión acerca de nosotros y de sí mismo, los seres humanos, como intrínsecamente malos.
Pero, además, explican las preponderantes conductas de quienes vivimos en esta sociedad consumística y devoradora, el “no te metás”, el “sálvese quien pueda”, el “después de mi el diluvio”, el “ande yo caliente y ríase la gente” que recoge Quevedo y el sin fin de actitudes en las que, aparentemente, quedaríamos a salvo del caos, de la contaminación destructiva de tantos males insidiosos que reptan, caminan y vuelan por este mundo y que pujan por tomarnos, deshacernos y consumirnos también. Lo que justifica nuestra angustia existencial y nuestra pragmática decisión de fuga incesante.  Y, en lo que toca a la política y al tomar partido por la acción o la palabra, o por ambas, la de eludir es la actitud que puede convertirse en el salvavidas que nos rescate del naufragio o el golpe de gracia que nos darían nuestros ocasionales enemigos o adversarios si llegáramos a pronunciarnos a favor o en contra. Debemos cuerpear, esquivar, eludir la definición que nos dejaría casi siempre “expuestos”, listos para recibir el golpe o la bofetada, en pocas palabras “con el culo al aire”.- Nos convertimos entonces en neutrales, sin color, asépticos, prescindentes o advenedizos.-
Sin embargo semejante salvación es  aparente siempre porque aún cuando nos afirmemos en una posición, aunque estemos, por ejemplo, a favor o en contra de la ley de medios, a favor o en contra de la carta de la presidenta a Darín, a favor o en contra de la minería a cielo abierto, a favor o en contra de los fondos buitre, aún en estos casos, el mundo sigue andando e infinidad de veces la impasibilidad de ese desenvolvimiento mundano frente a nuestras posturas y opiniones hace que nos sintamos como motas de polvo, como material descartable, como objetos a la deriva; propiamente como ese “no ser”, como ese agujero insaciable en el que todo se pierde y no es pero que custodiamos con toda la débil fuerza de nuestra existencia. La débilidad de nuestra ilusión perfora nuestra angustia y trae hasta nosotros una fuerza desconocida y nueva. En medio del absurdo luchamos en pos de algo mejor.
Entonces uno evoca a los poetas que más lo han sensibilizado. Entre ellos, el gran Miguel Hernández, de Orihuela, España, cuando en su enorme poema “Sino sangriento”  se refiere al albañil de sangre y dice: “Un albañil de sangre, muerto y rojo,
llueve y cuelga su blusa cada día
en los alrededores de mi ojo,
y cada noche con el alma mía,
y hasta con las pestañas lo recojo”. 
Es decir ese rescatarnos cotidianamente para seguir viviendo supone un compromiso constante y comunitario, el único virtuoso y ético, valioso, atribuible a nuestra libertad, ya no sólo como condena en el sentido sartreano, ontológico y trascendental, sino como proeza, épica y sostén de nuestra posibilidad como especie y aunque el mar de la nada, de la nihilización constante, imprescindible incluso para poder pensarnos, tienda a ahogarnos y convertirnos en pura contingencia, la que, como se sabe, es la muerte misma, la que nos desvive, aún así debemos rescatarnos y definirnos y luchar.
Cuando uno escucha y lee cómo los vietnamitas lucharon contra el ejército más poderoso de la tierra, cavando doscientos cincuenta kilómetros de túneles, comiendo sólo arroz, reciclando armas que sus enemigos dejaban abandonadas, cuando uno evoca las gestas patrióticas del pueblo en armas en el ejército del norte comandado por Belgrano en la segunda década del siglo XIX, y numerosas luchas y gestas comunitarias y populares, no puede menos que abominar de las actitudes elusivas y las escapatorias individualistas y revalorizar las otras, las de compromiso, solidaridad activa y lucha constante. Sólo de ese modo y en todos los frentes podremos salvarnos como especie

Amílcar Luis Blanco

lunes, 14 de enero de 2013

A propósito del capitalismo





















El capitalismo, como forma del liberalismo económico, debería quedar relegado a una técnica útil únicamente en un sistema político, económico y social que, desde lo jurídico, asegurase la equidad en la distribución de la riqueza. Ponerlo como "axis mundi" o eje de la economía resulta, por lo menos, anacrónico e, indiscutiblemente, antifuncional y regresivo. Si bien el incentivo de la expectativa de ganancia es motivador para quien crea y produce en este campo y no sería jamás recomendable un cuadro de situación jurídico político que lo desconociese o aplazase, lo que derivaría en un verdadero totalitarismo regresivo en todo sentido, sí en cambio es conveniente que se lo regule en función de las necesidades y derechos de quienes integran la sociedad, dado que en su seno hay seres humanos que cumplen y encarnan una pluralidad de vocaciones diferentes que deben integrarse con la vocación de ganancia.
Incluso desde la educación debe predicarse que la inclinación a ganar dinero no debe practicarse sin el correspondiente sentido ético o moral que la acompañe. Un estafador, un ladrón, están tan imbuidos por la ambición de la riqueza como un industrial, un comerciante, un profesional o cualquier otro mortal. La diferencia es que en los primeros no hay escrúpulos o consideraciones valorativas hacia sus prójimos que detengan sus impulsos o apetencias como si existen, o deberían existir, esas estimaciones en los otros. En derecho se dice "neminen laedere", no dañar, no vulnerar, no herir al otro; respetarlo en su integridad. La ética predica incluso la ayuda, la solidaridad. Las religiones, la judeo cristiana en particular, hablan de caridad, una de las tres virtudes teologales.
¿Pero qué ocurre cuando lo axiológico, lo ético, los valores, se transforman en meras formas, cuando se recurre a la hipocresía y el cinismo y, con habilísimos subterfugios y chicaneo leguleyo se hace una simulación, una parodia constante de estos valores y se los burla, se los desconoce? Como las conductas virtuosas están prescriptas por normas éticas se cae entonces en lo que se denomina la "anomia". Es decir, se actúa en un mundo "anómico", sin normas, en el que cada uno aspira a sobrepujar y superar al otro en una competitividad hueca y vacía.
El caos, el desorden, que generan las conductas anómicas en una sociedad llevan a la debacle, al derrumbe de la organización jurídico política, al "sálvese quien pueda" y, por supuesto, a la exclusión y marginación de vastos sectores que son explotados por los inescrupulosos. Por eso el capitalismo es regresivo, anacrónico. Pone en retroceso el crecimiento individual y colectivo al destruir los valores que alimentan  el equilibrio vital de una comunidad y la transforma en injusta porque algunos se quedan con lo que a otros les falta. La idea de la justicia social es que no le falte nada de lo elemental a nadie aunque otros puedan tener más porque se les retribuya su capacidad o ambición o ambas, pero siempre ese tener más debe encontrar un límite en función de lo social. Nadie puede tener derechos adquiridos contra los del conjunto de una sociedad. Hay valores que, desde antaño, son de orden público. Esto ya fue visto y predicado por distintos filósofos: Aristóteles, Marx, Sartre, por citar algunos.
Pero lo disvalioso sucede cuando la idea de ganancia individual es la que prima, la que aspira a ser y es, de hecho, la "episteme" o el principio a partir del cual las políticas se proponen sus planes de acción. El móvil crematístico, el deseo de lucro, que anima a quienes trabajan, debe redundar en beneficio y mejoramiento de sus vidas, contribuyéndose, más allá de lo que estas produzcan o generen materialmente, a la formación de un capital que, aunque generado por una "plus valía" o proporción de trabajo no remunerado al trabajador individualmente, sirva como excedente que deba volver a todo el conjunto social y distribuirse con equidad.- La idea es que no puede redundar exclusivamente en beneficio de una persona o grupo de personas porque entonces se transforma en caos, desorden e injusticia social y material.


Amilcar Luis Blanco



domingo, 30 de diciembre de 2012

EL FALLO DE LA CORTE DEL 27/12/12 ACERCA DEL PER SALTUM EN LA APELACIÓN DEL ESTADO NACIONAL.-


Perón sostenía que la Justicia debía ajustarse a la Política, ésta a una ideología que tuviese como objetivo el bienestar generál de la sociedad, del colectivo humano. Su pensamiento, según interpreto, era aristotélico, materialista en un sentido marxista y nitzscheano de aceptación de la lucha y las rivalidades que conlleva para el mejoramiento de una comunidad que debía organizarse.
Desdeñaba la supremacía de lo individual, egoista, solipsista, por sobre lo solidario. En este sentido su pensamiento era concluyente. Era además práctico, no fascista sino socialista antiutópico, estaba más cerca en todo caso del Franco de Hendoya que del Hitler de Auschwitz. Era contrario a un liberalismo autoritario como el que se vino practicando en Argentina desde que se lo derrocara en 1955 y hasta las lamentables experiencias que culminaron en el 2001 con el triste gobierno de De la Rúa. Trato de sintetizar, como se comprenderá.
Decía Perón  que la Justicia no venía de Dios ni podía dominar la Política. En realidad daba vuelta los sofismas del liberalismo autoritario que cree que no puede existir una moral sin la garantía del libertinaje. Muchos liberales a ultranza suponen que como la conducta ética o moral se elige no hay que estar obligado a elegirla y que si un gobierno corrige nuestros deslices, nuestros derrapes éticos y morales, es fascista o autoritario.
Esta concepción deja de lado la parte virtuosa del socialismo y, en el caso de la justicia, de la justicia para todos. Así, si muchos grupos monopólicos, poseedores de medios en demasía, que infringen las disposiciones de una ley antimonopólica, han acercado a la AFSCA (Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual) sus propuestas de desinversión, procurando ajustarse al marco de la nueva normativa, el fallo de la Corte los deja ridiculizados, con el traste al aire, ya que, contrariando en sustancia el texto del que emitiera en mayo pasado fijando el 7D como fecha máxima para la extensión de la cautelar, el fallo del Juez Federal Alfonso y lo dictaminado por Gils Carbó, sosteniendo que al estar próxima la sentencia de mérito debe continuar la protección precautoria,  dejando para  resolver "sine die" la vigencia de una cautelar contenida en el efecto suspensivo de la apelación por la constitucionalidad de los artículos 45 y 161 de la ley, cuando en vez de ello pudo aceptar el planteo de caducidad de la medida cautelar dejando a la Cámara Federal, cuyos integrantes, justamente recusados por el viaje que les pagara una de las partes en el proceso, el pronunciamiento sobre el fondo de la cuestión, así, repito, si éste fallo de la Corte no lo hizo y dejó que este sólo y prebendario grupo monopólico Clarin quedara protegido en su pretensión de ganar tiempo para que luego de las elecciones parlamentarias y hasta ellas pueda desgastar con sus mentiras, tergiversaciones y sesgada información el prestigio del Gobierno, la Corte, digo, con ello, se puso claramente del lado de ese liberalismo autoritario, se sumó a las trampas y chicanas del grupo. Y esto es lamentable y condenable. Esto da razón a la Presidente cuando afirma que hay que democratizar la Justicia. Hay que hacerlo, en efecto, en procura de que la Justicia tenga que ver con un modelo político de país en el que prime la visión aristotélica primigenia aunque sepamos que la dinámica es materialista, de lucha, destotalizadora, sartreana y foucaultiana. Es decir una Justicia que esté en consonancia con un modelo democrático, pluralista, abierto, antiautoritario, destotalizador, que no procure vigilar y castigar a la masa, al desheredado y paria que vive dentro de su dilatado anonimato para favorecer al puñado de sinvergüenzas que desde hace décadas monopolizan con su sesgada información, manipulan y formatean la subjetividad de las grandes mayorías para que éstas sigan ayudándolos, estólidas y estupidizadas, a detentar sus privilegios seculares y a fabricar la carroña de la que la alimentan para seguir engordando ellos.
Mas allá de las cuestiones técnico jurídicas, la honrosa y justa disidencia de Eugenio Raúl Zaffaroni explicita y hace posible la solución propuesta. Esta Justicia no está a la altura de ésta política y muchísimo menos por encima de su plebiscitada vigencia sino muy por debajo de ella. Deja muchísimo que desear. Entre otras cosas, que desde los ya vetustos y arrogantes bastimentos teóricos que la apoyan y que provienen de ese liberalismo desvergonzado y cínico que se refugia y oblitera en castros medioevales de un rancio corporativismo gatopardista, que deja intactos privilegios y prebendas, se acceda a otra cuyos integrantes, fiscales, defensores oficiales y jueces sean elegidos por la voluntad popular después de exponer sus méritos públicamente ante quienes somos sus justiciables; que se ventilen en debates públicos, orales, actuados y frente a jurados populares las cuestiones a resolver y que deje de ser la engañifa, el simulacro, la parodia de una verdadera justicia que demuestra ser con este fallo vergonzoso.


Amílcar Luis Blanco (Obra "Libertad y Justicia" por Javier Omar Pallás)

UN CAPITALISMO VIRTUOSO. EL PENSAMIENTO ECONÓMICO DE MARTÍN LUTERO jueves, 29 de marzo de 2012

Este artículo fue publicado por mí el 29 de marzo de 2012, cuando todavía no había abierto este blog. Por su asunto es más propio de este blog que de "Prosas salvajes", por eso ahora le di entrada aquí. Creo que como no toca una cuestión puntual puede leerse todavía ya que atañe, en generál, al capitalismo y constituye una crítica y una opinión sobre la actualidad de esta derivación económica del liberalismo décimo nónico.








Contrariamente a lo sostenido en "El Leviatan" por Thomas Hobbes, "homo homini lupus", "El hombre es el lobo del hombre", en los escritos económicos de Martín Lutero la consigna es "homo homini Deus", porque en tanto trabaja y acumula riquezas debe hacerlo conforme la ética de incluir y repartir y hacerlo, además, equitativamente. Traducido a nuestro tiempo y nuestro lugar en el mundo se trata de un capitalismo ético y humanista, cuyo sentido último finca no, como lo definiera Marx, en la apropiación individual de la acumulación de "plusvalía" por trabajo, que constituye al capital, por una clase privilegiada, sino en la utilización de ese capital en el colectivo o en la comunidad humana dentro de cuyo seno se gesta. Es decir, Lutero plantea una ética económica fundada en la voluntad, aunque su condicionante espiritual y anímico sea la fe. En este sentido su pensamiento se adelanta en el tiempo y viene a coincidir con conceptuaciones de la historia casi contemporáneas acerca del poder y también del sentido ético y humanístico que podría asumir. Una antropología filosófica que partiendo de Nietzsche y aceptando las conclusiones en su "Crítica de la razón dialéctica" de Sartre a Hegel y Marx y las de Heidegger que llevan al pensamiento de Foucault y Deleuze, no ve en la historia del hombre sobre el planeta una dirección teleológica general de avance o progreso sino un trabajo de la voluntad subjetiva particular de cada uno venciendo a la inercia del fatalismo e incluso de las estructuras de poder heredadas, en el caso de Foucault éste llega a definir el poder estatal como pastoral, a la vez individual y conglobante, de un tiempo en el que el dasein heideggeriano debe arrojarse sobre cada posibilidad para conferirle sentido único. La condena de la libertad humana a elegir definida por Sartre en "El ser y la nada", entre el "en sí" y el "para sí" puede resolverse y debería hacerlo en un sentido de no perversión en su nihilización, para contrapesar o equilibrar el absurdo que, en principio, supone la nada como hiato óntico.- El trabajar para la comunidad, para todos, con un sentido de solidaridad que tienda al enriquecimiento mutuo y recíproco y excluya la explotación del hombre por el hombre o el aprovechamiento de su ligereza, inexperiencia o su eventual situación de desesperación y pobreza, supondría una neutralización en acto de esas acciones que guían otras acciones originadas en los grupos dominantes y que constituyen en esencia el cómo del poder según la caracterización de Foucault. La abominación de la usura y de toda acumulación espúrea de valores forma parte de esa estimación para la acción. También la exaltación de la inversión y aplicación constante de esa riqueza para la producción de bienes y servicios tendientes a satisfacer una creciente demanda, identificándola con el evangélico milagro de la proliferación de los panes y los peces que Jesucristo repartiera entre su desbordante auditorio. El dinero concebido como felicidad proveniente de una concepción ética que inspira una acción práctica que construye día a día y ademas sostiene su voluntad óntica y estética. El saber como poder y construcción de verdad en el sentido que Foucault le atribuye a partir de una convicción moral previa proveniente de la revelación divina en el caso de Lutero, realizaría una síntesis de acción que vendría a enriquecer y conferir sentido a la organización económica postulada a partir del liberalismo. La lucha y el enfrentamiento bélico o político entre individulos o grupos de individuos por el poder, neutralizándose o disolviéndose en el credo de la voluntad ética sería un horizonte practicable para la política desde lo que ella induce en la comunidad como valores. Esto es Lutero. En el siglo XVI cuando comienzan a proliferar con Erasmo de Roterdam y Tomas Moro en Inglaterra los pensamientos que después serían desdeñados como utópicos, ante el extravío y la desorientación que suele demostrarse actualmente en las políticas y en las economías sobre todo en el occidente neoliberal y "cristiano" resultan, por lo menos, memorables las conceptuaciones de Martín Lutero respecto de la riqueza y deberían ser revalorizadas y tomadas en cuenta, incluso a la luz de los pensamientos producidos durante las dos últimas centurias.-




Amilcar Luis Blanco
Desde luego que Lutero fue un adelantado a su tiempo y que sus postulados en materia económica deberían ser tomados en cuenta incluso en nuestros días, para que la gente tomase conciencia de que el bien colectivo debería primar sobre el bien individual, pero, desgraciadamente, el egoísmo prima sobre la filantropía...

Muy buen artículo, mi querido Amílcar, mi enhorabuena por él y mis mejores deseos para este blog que recién inauguras.

Besos.
ERO.-















miércoles, 14 de noviembre de 2012

EL PRIMITIVISMO DE LOS MEDIOS.- (Reflexiones acerca del 8N)











                                                 Karl Gustav Jung, en el prólogo al “Ulises” de Joyce, escribió: “Desde la alta atalaya de la historia todavía estamos en la edad media”. El grupo monopólico de medios de comunicación gráfica y audiovisual “Clarín” está  en un estadio anterior y no cesa en su tarea de hacer retroceder e intentar hacernos retroceder a todos a ese estadio. Es el de las familias romanas de los siglos anteriores a nuestra era, cuyos símiles actuales son los de las mafias, que imponían sus criterios de conducción a las demás familias que conformaban su gens y lo hacían extensivo al resto de las gens que estructuraban la tribu y en definitiva a las tribus que constituían la ciudad. Por último la Roma imperial diseminaba su dominación en toda la cuenca del mediterraneo a partir del criterio de un puñado de “pater familiae” que se reunían en el antiguo Senado. Este particular sistema de dominación y dirigencia, que globalizaba el mundo conocido hace más de dos mil años y que llega hasta nosotros en esa forma de memoria colectiva que es la ciencia histórica se repite hoy, con ligeras variantes debidas al desarrollo de la ciencia y la técnica, desde el seno de las corporaciones monopólicas que rigen diferentes rubros de las economías nacionales pero que tienen puesta su conciencia de información, saber y difusión de ese saber, el cual es poder según la caracterización de Michel Foucault, precisamente desde los monopolios mediáticos e informáticos que colonizan las subjetividades de las masas humanas, destinatarias predominantemente pasivas de sus mensajes, hasta el último rincón de la porción de planeta que llamamos occidente.-
                                                   Ellos imponen a las mentes, individual y colectivamente, los contenidos de todo tipo que las motivan y movilizan; es decir las estructuras de libertad existencial que ellas desean y producen, con el acompañamiento incluso de esa ilusión de libertad que suele hacerlas verosímiles para quienes las actúan sin advertir éstos últimos que están siendo manipulados y utilizados. El mundo que imaginara Orwell en “1984” y Franz Kafka en “El Castillo” ha llegado y proyecta su siniestra, sombría e inescapable fantasmagoría, aún de modo ilusorio y deletereo, sobre cada uno de nosotros. Siguiendo a Sartre podría decirse que nuestras conciencias en continua interacción con los valores, obstáculos, objetos, sujetos, a los que trascendemos constantemente en ejercicio de una libertad a la que estamos condenados, deben ocuparse de actualizar motivaciones y móviles, es decir, horizontes o fronteras, que nos son puestos por delante por esos medios monopólicos, los cuales operan unilateralmente y, por supuesto, siempre, a favor de sí mismos, es decir, de sus intereses corporativos y sectoriales y que gestan, además, la ilusión de que somos nosotros quienes elegimos qué leer, qué vestir, qué comer, qué destinos vacacionales frecuentar, a quién votar para que nos gobierne, etcétera, cuando en realidad estamos atrapados en un alrededor o circuito omnipresente que nos circunda como una atmósfera insuperable en la que siempre “ellos” son los elegidos a través de lo que eligen para nosotros. Hablamos un lenguaje de “neohabla” en cuyos textos y discursos  los hechos realmente sucedidos, las catástrofes y holocaustos padecidos, las dolorosas verdades, tienden a ser borradas de las memorias individuales y de los imaginarios colectivos y reemplazadas por las mentiras, subvaloraciones, desvalorizaciones, sesgos, tergiversaciones y construcciones que realizan los medios; una verdad elaborada, cargada de mala fe, que nos envuelve con más levedad y sutileza que una telaraña. Esto nos convierte, de algún modo, cuantitativa y cualitativamente considerados, en seres unidimensionales al estilo de los que definiera Herbert Marcuse. Las medidas y dimensiones de nuestros sueños y deseos marchan en el sentido en que estos medios formateadores de nuestras interioridades e integridades psíquicas quieren que marchen, en la dirección y el sentido que ellos postulan,  propalan y, en definitiva, imponen.-
                                                    Las manifestaciones masivas, mas o menos numerosas, convocadas a través de las redes sociales de internet y de medios gráficos y audiovisuales, ocurridas en diferentes ciudades del país el 8 de noviembre pasado, constituyen una buena prueba, una viva muestra de lo que digo. Gentes que repetían y repiten como loros consignas, denostaciones, juicios de valor, clishes de pensamientos, emitidos por esos medios cuando una periodista, Cinthia García, los interrogaba acerca de las razones o motivaciones que habían tenido para acudir a las convocatorias y que, además, sacaban a relucir como móviles para su accionar, odios, resentimientos, rencores, fastidios, inoculados en sus conciencias por esos medios masivos pero que, en la enorme mayoría de los casos, les son completamente ajenos.
                                                     Hubo, por ejemplo, entre quienes fueron indagados, una mujer, ama de casa, cuya preparación y sus medios económicos la revelaban como una persona cuya vida no se desenvolvía más allá de su casa,  sus compras y tareas domésticas, que se deshacía en insultos contra el secretario de comercio interior y exterior, Guillermo Moreno, a quien no había conocido ni tratado en su vida, ni era o  es presumible que trate jamás¿Cómo podía hablar así de él; alguna vez ella, acaso, se había cruzado con el funcionario porque tuviese que importar o exportar algún producto? No, sus opiniones no sólo eran las de alguien que lo ignoraba todo respecto del señor Moreno, sino también las de alguien que ni siquiera estaba medianamente calificada para hablar acerca de la gestión del secretario, ya que sus quehaceres cotidianos la alejaban y alejan casi antitéticamente de esa posibilidad, pero no de la de leer de ojito algún suelto de Clarín o escuchar algunas de las tantas emisoras de radio y/o televisión que demuelen insistentemente la imagen del funcionario.-
                                                     Y esto se repetía con cada entrevistado ¿Cómo puede, entonces, no exigirse terminar con este tipo de dominaciones,  poner en vigencia de una buena vez por todas, la ley de servicios de comunicación audiovisual, para, por lo menos en este rubro, quebrar la hegemonía del monopolio y asegurarnos la concurrencia plural de las opiniones sectoriales que, no ocultándonos desde qué intereses hablan, nos permitan pensar y formar un criterio propio a partir del conjunto de verdades relativas que todos encarnamos para poder vivir en auténtica libertad?
                                                     Para citar a otro filósofo enorme del siglo XX, Martín Heidegger, debemos decir con él: “ … en verdad sucede que todavía no pensamos …”
                                                      Las motivaciones para las manifestaciones, según los sondeos hechos a los concurrentes, fueron: la oposición a la re-reelección de Cristina Fernández de Kirchner y a una posible reforma constitucional para lograrlo; la inseguridad; la corrupción; la inflación y el retraso en el tipo de cambio; también lo que denominan como cepo al dólar. Todos estos temas han sido agitados por los medios. Quienes son espectadores, oyentes y lectores de estos medios y repiten como letanías los catecismos aprendidos, los plantean como tópicos genéricos y con formulaciones tan anodinas e insípidas que sería imposible, por su oquedad puramente retórica, que no llegasen a formar parte de cualquier plataforma política tanto de centro derecha como de centro izquierda sin otorgarle singularidad a ninguna. En estas manifestaciones, salvo algunos trasnochados y fanáticos opositores, cuyos sentidos críticos han sido anulados o directamente quemados por los medios, los reclamos por falta de libertad de expresión o reunión, antes tan frivolamente esgrimidos, han cedido o han sido prolijamente ocultados por los medios masivos para que no se desnude lo fatuo,  insincero e insustancial de sus discursos o para no caer en el absurdo, la ridiculez o el disparate, en los que ya han incurrido innumerables veces dando pie a justificadas descalificaciones desde el oficialismo.
                                                    También se han silenciado e invisibilizado las agresiones físicas y los insultos a periodistas de medios oficialistas y, aún, pertenecientes al conglomerado del grupo Clarín.-
                                                          Lo que mejor y con mas esmero han encubierto o disfrazado ha sido, por parte de los grupos de clase alta, clase media alta, y directivos de las corporaciones mediáticas, que han estado detrás organizando las paradas, que nada han tenido de espontaneidad, ha sido su oposición al cumplimiento de la obligación de desprenderse de emisoras radiales y televisivas por parte del grupo Clarín. Saben que, en este terreno, el liso y llano incumplimiento de la ley resulta dificilmente defendible, aún para quienes han sido en estas manifestaciones orquestadas por ellos sus utilizados acompañantes.- De todos modos, por el nuevo “modus operandi” gestado este 8 de noviembre pasado, que ha superado en número y resonancia al del 13 de septiembre último, trasuntan su inveterada picardía, sus trucos de prestidigitadores y sus procedimientos de sutileza maquiavélica para no perder la parte del león que vienen usufructuando con su posición dominante en el mercado de los medios y en la subjetividad de las masas.
                                                        Y toda esta parafernalia eufemística tiene un propósito estratégico: presentarse como moderados  demócratas de centro izquierda para tratar de que el gobierno quede como derechoso y fascista. Por muchos trasvestimos y enmascaramientos y silencios e invisibilizaciones, trampas, tergiversaciones y mentiras que utilicen, su monstruosidad y primitivismo es ya inocultable y deberán correr a esconderse cuando la verdadera Democracia vuelva a conquistar la pluralidad de las multitudinarias voces que la componen y le dan vida y ellos queden en la historia como un cascarón vacío.-


Amílcar Luis Blanco

lunes, 15 de octubre de 2012

"Poderoso caballero es Don Dinero..." o ¿hay algo más?




























Este verso de Quevedo, con la pregunta agregada, vuelve a la conciencia crítica de quienes, como el suscripto, tratan de entender las motivaciones del Grupo Clarín para negarse a presentarle a la Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual (AFSCA) su plan de desinversión ¿Acaso los tenedores de las acciones del grupo verían sensiblemente disminuidos sus valores y rentabilidades si se contentaran con un número razonable, enmarcado en la permisión de la ley, de emisoras de radio y televisión? ¿Acaso, lo que obtuviesen con las ventas de estas estaciones no podría mantener igualmente abultados sus activos? ¿Serían tan escasos los que se interesasen en adquirirlas? Las respuestas a estos interrogantes, con sus más y sus menos, no llevan necesariamente a suponer un empobrecimiento significativo para los beneficiarios del grupo.
Lo que parecería surgir con nitidez de semejante actitud es que lo que el conglomerado de capitales privados deplora perder es el poder, el dominio que viene ejerciendo sobre subjetividades y voluntades no sólo de quienes compran los productos de sus avisadores sino también de políticos, empresarios y, lo que es más grave, sobre los tres poderes u órganos del Estado de Derecho, es decir, sobre las instituciones integradas por los representantes votados por todos nosotros, por el conjunto del pueblo, de la comunidad política que formamos, desde la presidenta y sus ministros hasta todos y cada uno de los diputados, senadores y jueces, desde el Jefe de la Corte Suprema hasta cualquier juez de paz de modestísima competencia. Esto vale también para los gobiernos de las provincias. Se trata, en todos los casos de desinstitucionalizar el país, permítaseme el feo neologismo.
Y esto lisa y llanamente significa despotenciar, desenervar el poder que el pueblo comunica a sus autoridades; implica también desmoralizar o desarmar la ética y la fe públicas, quitar honor y dignidad, fragilizar, vulnerar, dejar indecorosamente inermes a quienes confían en vehiculizar su ascenso social dentro de los mecanismos y la relativa permeabilidad que ofrecen al conjunto social esas instituciones.Conlleva también la obscena consecuencia de convertir a los políticos en tristes payasos, y, en los mejores casos, aunque se amparen en eufemismos para ocultar el pánico de que lo peor les suceda en cuanto a la mostración de sus imágenes públicas, en pusilánimes sirvientes de sus intereses sectoriales, ya que de otro modo podrían ver menoscabadas las notoriedades que necesitan si los medios  los invisibilizan y hacen desparecer con su incontrastable poder cuantitativo que, a fuerza de propalar y repetir, convierten en una letanía cotidiana tan adormecedora de las conciencias como los rezos de los acólitos en la edad media.
Parejamente importa asimismo anemizar, debilitar, las posibilidades de crecimiento económico y distribución equitativa del ingreso, de la riqueza que se produce entre todos porque ellos monopolizan la voz y la imagen y las ganancias que la publicidad procura en el negocio de la comunicación.
Esta práctica abusiva del capitalismo de explotación que llevada a su extremo desemboca en posiciones dominantes en el mercado de la información, la opinión y la propaganda, se vuelve paradójicamente en devoradora de todas las libertades que dice defender. En primer lugar de la libertad de conciencia y después de las demás libertades como las de expresión y reunión ¿Quién en efecto que no tuviese a disposición un cierto poder económico o la posibilidad de decir sus verdades en una emisora de radio o televisión con la que se sintiese afín podría opinar fuera, al margen o en contra de lo que quiere y dicta el monopolio mediático? ¿Pueden los obreros, operarios, empleados del Grupo Clarín alzarse contra sus autoridades y obtener alguna conquista o tan siquiera mantener indemnes sus derechos como trabajadores?
Aunque los empleados, impropiamente denominados periodistas independientes de este leviatán del privilegio, de éste Goliat de la mentira, se victimicen constantemente y traten de bañarse en los principios que vienen desde la revolución francesa del siglo XVIII como en aguas bautismales, lo cierto es que tanta fingida inocencia, tanto rasgarse las vestiduras, tanta hipocresía desenfadada, tanto desvergonzado cinismo, desnuda y desoculta palmariamente el horrendo monstruo que pretende devorarnos a todos y que, aún si lo lograra, terminaría devorándose a sí mismo.-

Amílcar Luis Blanco